Marca · Alemania
Mercedes-Benz
Niza, Paseo de los Ingleses, marzo de 1901. Emil Jellinek, cónsul honorario de Austria-Hungría y agente comercial extravagante, exige a Wilhelm Maybach un coche que no se llame Daimler porque considera que el apellido suena demasiado alemán para la clientela francesa. Pone como condición comprar 36 unidades por adelantado, una cifra entonces escandalosa, y que el modelo lleve el nombre de su hija de diez años: Mercédès. El primer Mercedes de la historia, el 35 PS, llega con tres meses de retraso y un motor de cuatro cilindros y 35 caballos a 1.000 rpm que deja en ridículo a todo lo que circula por la Costa Azul. La hija nunca cobró regalías.
Daimler-Motoren-Gesellschaft (fundada por Gottlieb Daimler en 1890) y Benz & Cie (fundada por Karl Benz en 1883) eran enemigas declaradas. Karl Benz había patentado en Mannheim el Patent-Motorwagen el 29 de enero de 1886, el primer automóvil de la historia, y a sus 80 años se negaba siquiera a saludar a nadie de Stuttgart. La hiperinflación de Weimar las arruinó a las dos. Se fusionaron a regañadientes el 28 de junio de 1926 bajo el nombre Daimler-Benz AG. Karl Benz murió tres años después sin haber pisado nunca la nueva sede.
Mercedes-Benz nunca dejó de cotizar en Frankfurt y nunca cambió de país. Es de las pocas marcas alemanas grandes que ni los soviéticos ni los americanos pudieron mover de sitio: la fábrica de Sindelfingen se reconstruyó casi entera tras los bombardeos aliados, con materiales prestados por la administración francesa de ocupación que, oficialmente, no le prestó nada.
Su huella en el catálogo Cuarta no viene solo del 300 SL “alas de gaviota”, el W113 Pagoda o el indestructible W123 (que aún hoy rueda como taxi en Marruecos con 800.000 km al lomo). Viene también de una nota a pie de contrato firmada en marzo de 1969 entre Stuttgart y Martorell: SEAT pagó 18,5 millones de pesetas de la época (unos 1,5 millones de euros actuales) por la licencia del motor OM 615 1.8 diésel, montado en el SEAT 1500 D entre 1969 y 1972. Mercedes-Benz exigió por escrito no aparecer en ningún folleto publicitario, ni una sola línea. Compraron silencio.
Aún hoy, un W123 240D bien cuidado se vende por más que el día que salió de fábrica. La hija de Jellinek murió en Viena en 1929, sola y sin recursos. Su nombre, en cambio, sigue impreso en cien millones de capós.
Mercedes-Benz Classic / Daimler Heritage (Stuttgart); Werner Oswald 'Deutsche Autos'; Wikipedia consultada 2026-06
Última revisión editorial: 2026-06-02.