Diario · junio de 2026
Velocidad máxima, del Bluebird al Chiron Super Sport
Ciento treinta años persiguiendo un número en un cronómetro, dos hilos paralelos y un escándalo en Nevada
por Cuarta
Bonneville Salt Flats, Utah. 17 de julio de 1964. Donald Campbell, 43 años, hijo del también plusmarquista Sir Malcolm Campbell, lanza el Bluebird CN7 sobre el lago salado. Doce mil kilos de aluminio, motor turbohélice Bristol-Siddeley Proteus 705 de 4.250 caballos sacado de un Bristol Britannia. Promedio FIA de las dos pasadas reglamentarias, 648,7 km/h. Récord mundial absoluto de velocidad en tierra para coche con ruedas accionadas. Era el último récord que se marcaría con esa categoría: todos los siguientes serían reactores puros, sin transmisión a ruedas, sin la condición técnica de coche según el reglamento clásico. Su padre Malcolm había marcado 484,9 km/h en el mismo Bonneville en septiembre de 1935. Donald moriría dos años y medio después, el 4 de enero de 1967, intentando un récord de velocidad en agua en Coniston Water con el Bluebird K7. Su cuerpo no se recuperó hasta 2001. Su sobrina Gina Campbell, en 2006, marcó 380 km/h en otro Bluebird en lago Mirror.
La tesis del dossier es la siguiente. La historia de la velocidad máxima en tierra tiene dos hilos paralelos que casi nunca se tocan. El primero es el de los récords absolutos —Land Speed Record, en la nomenclatura FIA—, marcados por vehículos especialmente diseñados que no son coches en el sentido normal: turbohélices, turborreactores, biturbofans, cohetes híbridos. Sus pistas son lagos secos americanos, desiertos australianos, llanuras sudafricanas. Sus pilotos son aviadores. Sus presupuestos, de varios millones de libras. El segundo hilo es el de los récords de coche de producción: berlinas de calle homologadas para circular por carretera abierta, con matrícula, faros, intermitentes, cinturones. Sus pistas son óvalos privados de fabricante (Ehra-Lessien para Volkswagen, Nardò para Fiat) o autopistas estatales cerradas durante doce horas. Sus pilotos son pilotos de pruebas profesionales. Sus presupuestos, parte del programa de desarrollo del coche.
Los dos hilos comparten una obsesión: el cronómetro homologado. La FIA exige dos pasadas en sentido opuesto sobre el mismo kilómetro, separadas por menos de una hora, con el coche en configuración idéntica. Se promedian las velocidades. El resultado es la cifra oficial. Sin esas dos pasadas, ningún récord es récord. Solo es declaración.
Vamos a contar las dos historias en paralelo.
Hilo uno: récords absolutos. De Donald Campbell a Andy Green
El primer plusmarquista de la era moderna fue Sir Malcolm Campbell, el padre de Donald. Marcó nueve récords mundiales sucesivos entre 1924 y 1935. Su último coche, el Bluebird CV23 con motor Rolls-Royce R V12 de 2.300 caballos, marcó 484,9 km/h en Bonneville el 3 de septiembre de 1935. Fue el primer coche en superar las 300 mph (482,8 km/h). Murió en su cama en 1948, retirado en Reigate, Surrey.
El segundo gran plusmarquista de posguerra fue John Cobb, británico, con el Railton-Mobil-Special. Marcó 634,3 km/h en Bonneville el 16 de septiembre de 1947. Murió en 1952 intentando récord en agua en Loch Ness, Escocia. El récord aguantó 17 años.
En 1963 empezó la era americana. Craig Breedlove, californiano de veinticinco años, marcó 407,447 mph con el primer Spirit of America (motor J47 sacado de un caza F-86 Sabre, tres ruedas). La FIA lo rechazó: el reglamento exigía cuatro ruedas. Breedlove apeló sin éxito, diseñó coche nuevo y marcó 526 mph en 1964. Su rival Art Arfons, con el Green Monster, le respondió con 536 mph cinco días después. Breedlove devolvió 555 mph la misma semana. En noviembre de 1965, con el Spirit of America Sonic 1 (motor J79 del F-104 Starfighter), Breedlove cruzó las 600 mph: 600,601 mph, 966,57 km/h. Primer coche en superar esa barrera. Aguantó cinco años.
Donald Campbell marcó 648,7 km/h con el Bluebird CN7 el 17 de julio de 1964 en Bonneville. Como hemos visto, es el último récord absoluto firmado por un coche con ruedas accionadas. A partir de aquí, todos son jet o cohete.
Gary Gabelich, californiano de origen croata, marcó 1.014,51 km/h con el Blue Flame el 23 de octubre de 1970 en Bonneville. Motor cohete de peróxido de hidrógeno y gas natural líquido. Patrocinador, la American Gas Association: el récord se anunció como demostración del potencial del gas natural como combustible. Primera vez que un vehículo terrestre cruzó los 1.000 km/h. Aguantó 13 años.
Richard Noble, británico, marcó 1.019,468 km/h con el Thrust 2 el 4 de octubre de 1983 en Black Rock Desert, Nevada. Motor Rolls-Royce Avon turborreactor del F-86 Sabre. Era la primera vez que el récord salía de Bonneville: Black Rock Desert ofrecía más kilómetros rectos. Noble se hizo célebre. Pasó el resto de su vida promocionando récords británicos.
Andy Green, capitán de grupo de la RAF, piloto activo de F-4 Phantom, marcó 1.227,985 km/h con el Thrust SSC el 15 de octubre de 1997 en Black Rock Desert. Mach 1,020. Primer y hasta hoy único coche supersónico de la historia. Estampido sónico oído en Gerlach, doce kilómetros del trazado, agrietó tres ventanas del bar de Bruno Selmi. La FIA homologó cuatro días después. El programa lo había dirigido el mismo Richard Noble. La cifra sigue siendo récord absoluto en junio de 2026, casi 29 años después.
Hubo intentos paralelos que no se homologaron. El Budweiser Rocket de Stan Barrett marcó supuestamente 739 mph (1.189 km/h) el 17 de diciembre de 1979 en Edwards Air Force Base, California. La cifra se midió con radar Doppler de la USAF, no con cronómetro FIA. La FIA no la reconoció. La industria sí: Barrett fue invitado a Cabo Cañaveral por la NASA dos meses después como caso de estudio de aceleración humana. El Bud Rocket sigue siendo, según una parte de la prensa especializada, el primer vehículo terrestre supersónico. Solo que no oficial.
Después del Thrust SSC, el único proyecto serio es el Bloodhound LSR del mismo Richard Noble: objetivo 1.000 mph (1.609 km/h), motor combinado Rolls-Royce EJ200 turbofan (del Eurofighter Typhoon) más cohete Nammo. El piloto designado sigue siendo Andy Green, ahora con 62 años. El coche está terminado. Pasó pruebas en Hakskeen Pan, Sudáfrica, en noviembre de 2019, alcanzando 1.011 km/h sin encender el cohete. Desde entonces, el proyecto está paralizado por falta de 12 millones de libras de financiación. En 2018 quebró por primera vez, en 2019 lo compró Geely, en 2021 lo vendió a Stuart Edmondson. En junio de 2024, sigue en almacén en Birmingham esperando patrocinio. El récord absoluto, mientras tanto, sigue siendo el Thrust SSC.
Hilo dos: récords de coche de producción. Del Porsche 959 al Chiron Super Sport 300+
Hasta los años ochenta, los coches de producción no participaban en la pelea por el récord absoluto. La diferencia técnica era abismal: el récord de calle estaba en torno a los 300 km/h, el absoluto sobre los 1.000. La industria de la calle no soñaba con marcar plusmarcas mundiales. Eso cambió a mediados de los ochenta con la llegada de los supercoches modernos.
1986. Porsche 959 Sport. Berlina de calle con motor bóxer 6 cilindros 2.8 biturbo, tracción total, 450 caballos. Velocidad máxima homologada, 339 km/h. Primer coche de calle europeo en superar los 330. Se fabricaron 292 unidades.
1987. Ferrari F40. V8 2.9 biturbo Tipo F120A, 478 caballos, 1.100 kilos. Velocidad punta homologada, 324 km/h. Ferrari publicó la cifra como “más rápida que cualquier coche de calle” en su propio catálogo de presentación. Era falso por 15 km/h respecto al 959, pero la prensa italiana lo aceptó porque el F40 era visualmente más impactante.
1992. Jaguar XJ220. V6 3.5 biturbo, 542 caballos, motor central. Velocidad máxima cronometrada en Nardò, 349,38 km/h. Fue récord mundial de coche de producción durante quince meses, hasta el McLaren F1.
1993. McLaren F1. V12 6.1 atmosférico BMW S70/2 diseñado por Paul Rosche, 627 caballos, monocasco fibra de carbono Gordon Murray. Velocidad punta cronometrada en Ehra-Lessien por Andy Wallace el 31 de marzo de 1998, 386,46 km/h. Aguantó récord mundial de coche de producción doce años, hasta 2005. Es probablemente el coche que más prestigio ha acumulado en la historia del clásico moderno: 106 unidades, mercado actual entre 18 y 25 millones de euros por unidad.
2005. SSC Ultimate Aero TT. Coupé americano fabricado en Tri-Cities, Washington, con V8 6.3 biturbo de 1.183 caballos. Velocidad reclamada por SSC en septiembre de 2007 sobre carretera estatal cerrada en West Richland, 411,76 km/h. La cifra se midió con cronómetro Racelogic VBOX, no con FIA. Guinness lo reconoció. Bugatti lo discutió internamente pero no judicialmente.
2010. Bugatti Veyron 16.4 Super Sport. El primer récord oficial Volkswagen tras el Veyron base de 2005. W16 8.0 cuádruple turbo, 1.200 caballos. Pierre-Henri Raphanel marcó 431,072 km/h en Ehra-Lessien el 4 de julio de 2010. Pelea de dos años con Guinness por el limitador electrónico de la versión comercial (415 km/h). Resolución, 2013: la cifra figura en el libro con asterisco. La FIA Land Speed Record Commission nunca discutió los 431.
2017. Koenigsegg Agera RS. V8 5.0 biturbo Koenigsegg, 1.360 caballos en E85. Niklas Lilja marcó 447,02 km/h promedio de dos pasadas en la SR-160 de Nevada, autopista estatal cerrada al tráfico durante doce horas. La diferencia con el récord Bugatti no es solo cifra: el Bugatti se marcó en pista privada, el Koenigsegg en carretera abierta cerrada. Christian von Koenigsegg insistió en aquella conferencia de prensa de Ängelholm: “Un coche de calle debe demostrar su velocidad en una calle”. El argumento tenía peso. La carrera entre Suecia y Alsacia se reanudó.
2019. Bugatti Chiron Super Sport 300+. Carrocería extendida 25 cm respecto al Chiron estándar, motor W16 mejorado a 1.600 caballos, turbos más grandes, refrigeración modificada. Pierre-Henri Raphanel marcó 490,484 km/h en Ehra-Lessien el 2 de agosto de 2019. Primera vez que un coche con homologación de calle cruza las 300 mph. Bugatti hizo una sola pasada, no las dos reglamentarias FIA: no se homologó como récord oficial, se anunció como demostración técnica. La versión comercial salió con limitador a 440 km/h. Las treinta unidades de cliente se entregaron entre 2021 y 2022. Récord oficial de coche de producción según Guinness, no según FIA, sigue siendo el del Koenigsegg Agera RS de 2017. Récord físico, sin homologación, los 490 km/h del Bugatti.
2020. El escándalo SSC Tuatara. SSC North America de Jerod Shelby publicó el 10 de octubre de 2020 un vídeo afirmando 532 km/h en la misma SR-160 de Nevada del récord Koenigsegg. La cifra superaba al Koenigsegg en 85 km/h. La prensa especializada (Jason Cammisa de YouTube, Misha Charoudin, Tim Burton) demolió la cifra en quince días: los puntos GPS no coincidían con las distancias mostradas, los cortes de cámara saltaban segundos sin justificación, el ruido del motor no correspondía a la aceleración. SSC reconoció el 30 de octubre de 2020 que el vídeo tenía errores de edición y prometió repetir el intento. En enero de 2021 lo repitió en Kennedy Space Center y marcó 455 km/h. La cifra de 532 km/h se retiró silenciosamente. El propio piloto Oliver Webb declaró en marzo de 2021 a Top Gear que el coche había hecho la velocidad pero el vídeo se editó mal. El Tuatara, técnicamente capaz, quedó marcado por el escándalo. La industria del récord aprendió: sin cronómetro FIA homologado y sin testigos independientes en pista, ningún reclamo se acepta.
2024. Estado del récord oficial. Récord absoluto en tierra: Thrust SSC de Andy Green, 1.227,985 km/h, 15 de octubre de 1997, Black Rock Desert. Récord oficial Guinness de coche de producción: Koenigsegg Agera RS, 447,02 km/h, 4 de noviembre de 2017, SR-160 Nevada. Récord físico no homologado de coche de producción: Bugatti Chiron Super Sport 300+, 490,484 km/h, 2 de agosto de 2019, Ehra-Lessien. La diferencia entre el récord oficial y el récord físico se ha vuelto fórmula de catálogo. Cada fabricante publicita el que más le conviene.
Programas pendientes
Hennessey Venom F5. Marca tejana de John Hennessey, V8 6.6 biturbo Fury de 1.817 caballos, programa de récord previsto 2025. Objetivo declarado, 500 km/h. Cifra máxima cronometrada a fecha de marzo de 2024, 437 km/h en Johnny Bohmer Proving Grounds, Florida, sin agotar la quinta marcha. Producción, 24 unidades.
Rimac Nevera. Croata, 100% eléctrico, 1.914 caballos, 4 motores. Velocidad máxima declarada, 412 km/h. Sin intento de récord mundial hasta 2024: la marca prefiere récords de aceleración (0-100 en 1,81 segundos, récord mundial) y récords de aceleración inversa (0-400-0 en 29,93 segundos). La filosofía eléctrica desplaza el récord de velocidad punta hacia otros ejes.
Bugatti Tourbillon. Sucesor del Chiron, presentado en junio de 2024. Motor V16 6.5 atmosférico Cosworth más tres motores eléctricos, 1.800 caballos. Velocidad punta declarada, 445 km/h. Bugatti no ha anunciado programa de récord: el coche es híbrido enchufable y su prioridad es electrificación de la marca, no récord absoluto. Es la primera vez en veinte años que Bugatti renuncia a marcar plusmarca con su flagship.
Cierre. La pregunta filosófica
¿Por qué los humanos persiguen velocidad máxima? La respuesta canónica es que porque podemos. La respuesta menos canónica es que porque hay un cronómetro homologado que sigue funcionando aunque el viento te arranque la matrícula, aunque el escándalo te queme el coche, aunque tu padre haya muerto en otro Bluebird en otro lago. La cifra del cronómetro queda. Donald Campbell murió en Coniston en enero de 1967, pero los 648,7 km/h de Bonneville de julio de 1964 siguen ahí. Andy Green tiene 62 años, pero los 1.227 km/h de Black Rock Desert siguen siendo el techo absoluto de la especie humana sobre ruedas. Pierre-Henri Raphanel ha cumplido 63 años y dice no querer pilotar récords nunca más, pero los 490 km/h del Chiron Super Sport 300+ figuran ya en el manual del Bugatti Tourbillon como referencia genealógica.
Lo que cambió desde Donald Campbell hasta Andy Green es la categoría: del coche con ruedas accionadas al jet supersónico. Lo que cambió desde Porsche 959 hasta Chiron Super Sport 300+ es la cifra: de 339 a 490, casi 150 km/h en 33 años. Lo que no cambió es el cronómetro. Sigue siendo Stigma, Racelogic, Dewetron o TÜV Saarland. Sigue exigiendo dos pasadas. Sigue homologando solo a quien acepta la regla. El día que el Bloodhound encienda el cohete en Hakskeen Pan, el cronómetro seguirá ahí. Esperando. Como lleva esperando ciento treinta años.
Bibliografía y archivo
- FIA — Annuaire du Sport Automobile, registros oficiales de récord de velocidad en tierra 1924-2024.
- Guinness World Records — registros de coche de producción más rápido 1986-2024.
- National Motor Museum Beaulieu — archivo Donald Campbell y Bluebird CN7.
- Coventry Transport Museum — archivo Thrust SSC, Bloodhound LSR y Richard Noble.
- Smithsonian National Air and Space Museum — archivo Spirit of America.
- Bugatti Press Office Molsheim — comunicados de récord Veyron Super Sport (2010) y Chiron Super Sport 300+ (2019).
- Koenigsegg Automotive Ängelholm — comunicado de récord Agera RS (2017).
- SSC North America — comunicado de récord Tuatara (2020) y rectificación (octubre 2020).
- Top Gear Magazine — coberturas de récords 1995-2024.
- Hagerty UK — análisis de mercado hipercoche 2015-2024.
- David Tremayne — Donald Campbell biografía, 2004.
- Richard Noble — Thrust 2 to Thrust SSC autobiografía 1998 y A Race for the Sky 2020.
Última revisión: 10 de junio de 2026. Si detectas un error, escríbenos a hola@cuarta.es.