El coupé alemán con seis cilindros en V estrecha que llegó tarde a su propia fiesta
Karmann, Osnabrück, agosto de 1988. Volkswagen quería un Scirocco más grande. Lo bautizaron Corrado por una palabra italiana que significa 'corredor'. Cuando llegó el VR6 en 1991, el coche llevaba tres años a la venta con motores menos prestigiosos. Vendió poco. Hoy lo busca todo el mundo.

Volkswagen quería un Scirocco más grande, más rápido y con mejor terminación. El proyecto se aprobó en Wolfsburg en febrero de 1986 con tres condiciones: lo fabricaría Karmann en Osnabrück, conservaría la plataforma del Golf Mk2, y costaría menos que un BMW 325i. Herbert Schäfer dibujó la línea: capó largo, techo cinco centímetros más alto que el Scirocco original, luneta trasera vertical para aprovechar el maletero. En septiembre de 1988 entró en producción con motores 1.8 atmosférico y 1.8 G60 sobrealimentado.
El problema fue de tiempo. Cuando llegó al mercado, el Scirocco aún se vendía en paralelo a un precio bastante menor. Los clientes alemanes preferían el modelo conocido. En tres años, Volkswagen vendió 35.000 unidades de Corrado frente a 65.000 Scirocco. La dirección comercial pensó cancelarlo en 1990. Lo salvó la llegada del VR6.
El motor VR6 era un experimento de ingeniería. Un seis cilindros en V con sólo 15 grados de ángulo entre bancadas, culata única, longitud equivalente a un cuatro en línea. Compacto suficiente para entrar transversal en el vano motor del Golf. La culata pesaba veintiocho kilos, requería refrigeración cruzada y un orden de encendido diseñado expresamente para evitar resonancia. Cuando arrancaba en frío sonaba como un V12 italiano grabado en cinta. Daba 190 caballos.
El Corrado VR6 llegó en marzo de 1991 a 47.000 marcos, el equivalente a 24.000 euros de la época. Sus 235 km/h lo dejaban a la altura del 944 S2 y por encima del 325i E36. Auto Motor und Sport lo declaró ‘el coupé más subestimado de la década’. Vendió 23.000 unidades en cuatro años, lejos de las cifras del Scirocco original. Karmann cerró la línea en julio de 1995.
Ulrich Seiffert, el ingeniero que propuso el alerón trasero motorizado, llegó a director técnico de Volkswagen en 1996 y luego al consejo de Wolfsburg. Cada vez que le preguntaban por el Corrado decía que era el coche con el que aprendió a defender ideas raras en reuniones. Murió en 2018, a los 80 años.
Hoy, un Corrado VR6 restaurado se mueve entre 14.000 y 28.000 euros. Los G60 1.8 sobrealimentados están más baratos, entre 12.000 y 22.000. Las series limitadas Storm de 1995 (500 unidades, mercado británico, verde Mistique o negro Mystic) alcanzan 35.000. El motor VR6 sigue siendo el corazón emocional del coche: cuando se rompe la cadena de distribución, la reparación cuesta 4.500 euros. Los foros alemanes la llaman ‘la cuota Karmann’.
Un coupé que medía las velocidades altas con vergüenza ajena.— Auto Motor und Sport, marzo de 1992
Herbert Schäfer, jefe de diseño de Volkswagen, había aprobado la línea del Corrado en 1986 con un techo cinco centímetros más alto que el del Scirocco para acomodar a clientes alemanes mayores. El alerón trasero motorizado, que subía a partir de 120 km/h, fue idea de un ingeniero llamado Ulrich Seiffert: lo defendió en una reunión con la frase 'si conducimos rápido, que se vea'. Pasó al coche.
Lo que costaba salir de fábrica en 1991 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Ficha técnica completa
VW Heritage Wolfsburg; Karmann Archive; Auto Motor und Sport 1992
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