La vuelta al Nürburgring de Fangio que cambió cómo se entendía el coraje en F1
En agosto de 1957, en el GP de Alemania, Juan Manuel Fangio remontó casi un minuto entero sobre Mike Hawthorn y Peter Collins en veintidós vueltas. Lo hizo con un Maserati 250F sin frenos al final. Es la victoria que él mismo, treinta años después, recordaba como la mejor de su vida.

La Maserati de finales de los cincuenta era una empresa al borde de la quiebra. Los hermanos Maserati habían vendido la firma en 1937 a la familia Orsi, industriales del acero de Módena, y durante veinte años Adolfo Orsi había sostenido el equipo de Fórmula 1 con dinero que sacaba de la metalurgia. El 250F fue su última gran apuesta. Lo presentó en Argentina en enero de 1954 y, en su primera carrera, ganó con Fangio. Cuando Fangio se cambió a Mercedes, el 250F siguió ganando con Stirling Moss.
El motor era un seis cilindros en línea de bloque de hierro y culata de aluminio. Doble árbol de levas en cabeza, tres carburadores Weber. Salía con 240 CV y subió hasta 270 en la versión “T2” de 1956. La caja era de cinco velocidades, transversal al motor. El chasis, multitubular, lo había trazado Vittorio Bellentani con la ayuda de un joven Giulio Alfieri. Pesaba 670 kilos en seco. Y se conducía, decía Fangio, “como un caballo que sabe a dónde va”.
Se fabricaron veintiséis chasis distintos entre 1954 y 1960. Algunos se reutilizaron: el #2516, por ejemplo, corrió como #2520 después de un accidente. Los registros del Museo Panini de Módena documentan cada cambio. En 2016 el #2528 —el de Fangio en Alemania, hoy oficialmente atribuido a esa carrera— se subastó privadamente en Inglaterra por una cifra que Bonhams se negó a confirmar pero que la prensa especializada situó en seis millones de libras.
El último 250F construido salió de Módena en 1960. Para entonces los motores traseros de Cooper ya habían cambiado la Fórmula 1 para siempre. El 250F, con su motor delantero y sus formas de cigarro, era un coche del pasado el día que ganó su última carrera. Pero el pasado, escribió Quattroruote en 1986, “nunca había sido tan elegante”.
El 250F es el último Fórmula 1 que se podía conducir con las dos manos abiertas, sin agarrar el volante con los nudillos blancos.— Stirling Moss, entrevista en Autosport 1962
Fangio había salido de los boxes con neumáticos nuevos a las cuarenta y cinco vueltas. Perdió un minuto y diecinueve segundos al Ferrari de Hawthorn. En vez de gestionar la segunda plaza, recortó dos, tres, cuatro segundos por vuelta. En la vuelta cincuenta sacó del 250F una marca que rebajaba en once segundos su propia pole. Pasó a Collins en una bajada peraltada y a Hawthorn entrando en la última curva. Ganó por 3,6 segundos. En el podio dijo: "Hoy he hecho cosas que nunca había hecho y que nunca volveré a hacer". Cumplía cuarenta y seis años.
Lo que costaba salir de fábrica en 1957 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Campeonato del Mundo de pilotos 1957 (Fangio). Ocho victorias en Grandes Premios. Récord absoluto en Pescara 1957: 290 km/h en recta.
Ficha técnica completa
El 250F que ganó el Nürburgring 1957 no era el chasis con el que Fangio había salido del taller en Módena. La noche antes de la carrera, los mecánicos descubrieron una fisura en el bastidor delantero. Cambiaron el motor a un chasis de reserva, el #2529, que llevaba sólo dos carreras. Nadie le dijo nada a Fangio hasta después del podio. Fangio respondió: "Lo había notado, pero no tenía tiempo de preguntar".
Quattroruote número 384 (1986); Joel Finn, Maserati 250F (Osprey, 1976); archivo Museo Panini Modena; Wikipedia EN
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