El compacto Opel diseñado en Rüsselsheim, ensamblado en Zaragoza y vendido en toda Europa
Figueruelas, Zaragoza, marzo de 1988. La planta General Motors abrió una segunda línea para el Corsa A GSi, la versión deportiva del modelo que mantenía a flote a Opel desde 1982. Cien caballos, mil cien kilos, paragolpes naranja. Lo llamaron 'el alemán español'.

El Corsa A había debutado en 1982 como respuesta de Opel al Ford Fiesta. Lo fabricaba General Motors en Figueruelas, Zaragoza, en una planta abierta el mismo año específicamente para el modelo. En seis años se habían vendido más de un millón y medio de unidades en Europa, pero faltaba la versión deportiva. La rama francesa lo había probado con el Corsa SR 1.3 en 1984 sin gran impacto. La rama alemana lo intentó de nuevo en 1988 con el GSi.
Erhard Schnell había firmado el diseño original del Corsa A en 1979 desde Rüsselsheim, con faros redondos pensados para un público familiar. En 1987, cuando se preparó el GSi, su segundo Hans-Jürgen Henzler propuso pintar paragolpes y faldones en el mismo color que la carrocería, técnica habitual en BMW y Porsche pero inédita en Opel. Schnell aceptó con una condición: que el rojo Magma sólo se vendiera con tapicería rojo Carlo. Tapices y exterior debían combinar de fábrica.
El GSi salió de Figueruelas en marzo de 1988 con motor C16SE de 100 caballos, inyección multipunto Bosch Motronic 1.5, frenos de disco delanteros y traseros, suspensión con muelles quince milímetros más cortos. Pesaba 870 kilos. Aceleraba de 0 a 100 en 9,8 segundos. Llegaba a 188 km/h. Costaba 19.400 marcos en Alemania y dos millones doscientas mil pesetas en España. Vendió 75.000 unidades en cinco años, repartidas entre Alemania, España, Francia y Reino Unido.
Lo que diferenciaba al Corsa GSi de sus rivales no era el rendimiento bruto —el Peugeot 205 GTi 1.6 y el Renault 5 GT Turbo eran más rápidos— sino la sensación de coche grande compacto. Era un Astra GSi en miniatura: misma electrónica, mismos asientos Recaro opcionales, mismo cuadro con cuentavueltas central. Auto Bild lo declaró ‘el mejor Opel pequeño jamás fabricado’ en 1989.
Bertone produjo entre 1990 y 1992 una serie limitada con techo abierto eléctrico llamada Corsa A GSi Top Bertone. Sólo 4.200 unidades, vendidas exclusivamente en Italia y Alemania. Hoy son las más cotizadas: superan los 22.000 euros cuando llegan en estado original.
La producción terminó en marzo de 1993 con el cambio al Corsa B, que mantuvo el nombre GSi para una versión 1.6 de 109 caballos pero perdió la pureza del primero. Hans-Jürgen Henzler siguió en Opel hasta 2007. En sus memorias internas, publicadas en 2018 por el archivo Rüsselsheim, recordaba la decisión de pintar los paragolpes en color como ‘la única vez que un proyecto de marketing me hizo cambiar la imagen completa de Opel’. Hoy, un GSi original con tapicería rojo Carlo se mueve entre 10.000 y 18.000 euros.
El primer Opel que sonaba alemán y se pagaba en pesetas.— Autopista, mayo de 1988
Erhard Schnell, jefe de diseño en Rüsselsheim, había aprobado los faros redondos del Corsa A pensando en clientes mayores. Cuando llegó el momento de definir el GSi en 1987, su segundo de a bordo Hans-Jürgen Henzler le propuso pintar los paragolpes y faldones en el mismo color que la carrocería —algo inédito en Opel hasta entonces. Schnell aceptó con una sola condición: que el color rojo Magma no pudiera combinarse con interior negro. 'Quiero asientos rojos o nada', dijo. Ganó: durante cinco años el GSi rojo solo se vendió con tapicería rojo Carlo.
Lo que costaba salir de fábrica en 1988 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Ficha técnica completa
Opel Heritage Rüsselsheim; Autopista 1988; GM Figueruelas archives
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