El coche que el rey de España compró antes que cualquier marqués
Marc Birkigt diseñó en 1910 una voiturette de carreras para ganar la Coupe de l'Auto. Ganó. Alfonso XIII —veinticinco años, aficionado al motor— compró el primero de la serie. El nombre del modelo dejó de ser T15 y pasó a ser Alfonso XIII.

En 1910, Hispano-Suiza ya no era el experimento de un teniente de artillería en Diputación 95. Era una fábrica de coches de lujo con sede en la calle Floridablanca de Barcelona, ingeniero jefe suizo, dirección administrativa catalana y clientela europea. Marc Birkigt, treinta y dos años, había diseñado un motor de carreras para la Coupe de l’Auto de Boulogne: cuatro cilindros, válvulas laterales en T, 3,6 litros, sesenta y cuatro caballos. Paolo Zuccarelli ganó la carrera. Birkigt envió un telegrama a Damián Mateu, presidente del consejo, en Barcelona: “Premier. Stop. Mejor que Peugeot.”
Cuando Alfonso XIII —veinticinco años, primer monarca europeo en sacarse el carnet de conducir, accionista de Hispano-Suiza a título personal— supo que la versión de calle de aquel coche estaba terminada, encargó el primero de la serie sin ver siquiera los planos. Pidió que tuviera carrocería bipuesto, descapotable y faros eléctricos Bosch. Pagó quince mil pesetas. La fábrica le puso su nombre al modelo. Hispano-Suiza T15 Alfonso XIII.
Quince mil pesetas en 1912 eran el sueldo de doce años de un maestro nacional. Se fabricaron unas 350 unidades entre 1911 y 1914, casi todas para clientes con título nobiliario o industrial: el duque de Westminster compró tres, el conde Boni de Castellane una, el banquero André Citroën otra antes de fundar su propia marca. Las carrocerías las hacían Kellner en París, Mulliner en Londres o la propia Hispano-Suiza en Barcelona.
Los Alfonso XIII supervivientes son hoy joyas de museo. Uno está en el Schlumpf de Mulhouse, otro en el Louwman de La Haya, otro en el Museu de la Tècnica de Catalunya. En 2018, Bonhams remató una unidad restaurada en Quail Lodge por 1,8 millones de euros. Aquel día se vendía la única deportiva española que había batido a Peugeot en su propia casa. Y casi nadie en España lo recordaba.
El rey conducía él mismo. Llegaba al Hipódromo de la Castellana con el Alfonso XIII, levantaba el polvo de la pista y se bajaba a saludar como si fuera un piloto cualquiera. Una vez chocó contra una farola en la Cuesta de las Perdices. La prensa de la época no publicó el episodio: censura monárquica.
Lo que costaba salir de fábrica en 1912 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Coupe de l'Auto 1910 y 1912 (categoría voiturettes). Paolo Zuccarelli y Jean Chassagne al volante.
Ficha técnica completa
El motor del Alfonso XIII no usaba carburador convencional sino un sistema diseñado por Birkigt que se anticipó casi veinte años a la inyección. La patente la registró en Ginebra y en París, no en Madrid: la oficina española de patentes no era de fiar en 1911.
Archivo Hispano-Suiza; Lage, "Hispano-Suiza"; Bonhams catálogo 2018
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