Un piloto catalán convirtió chasis Buick en coches de lujo madrileños
Francisco Abadal era piloto y agente comercial de Hispano-Suiza. En 1916 se quedó sin marca a la que vender. Importó chasis Buick de Detroit, los carrozó en Madrid y los vendió como coches de lujo españoles. Funcionó durante siete años.

Francisco Abadal había sido piloto de pruebas de Hispano-Suiza, agente comercial de la marca en Madrid y campeón del Tibidabo. En 1916, la Hispano-Suiza estaba volcada en producir motores de aviación para la Gran Guerra y había suspendido la entrega de coches civiles. Abadal se encontró con un catálogo y ningún coche que vender. Le ofreció a Damián Mateu importar chasis americanos y montar él mismo la carrocería. Mateu dijo que no. Abadal lo hizo solo.
Eligió Buick. El Type 21 era robusto, fiable, barato en origen —unos 1.200 dólares puestos en Nueva York— y su motor de seis cilindros tenía suficiente reputación. Abadal montó la fábrica en la calle Joaquín Costa de Madrid. Los chasis llegaban por barco a Cádiz, en tren hasta Madrid, y allí los carroceros catalanes que Abadal había traído de Barcelona —entre ellos los hermanos Costa— les ponían encima carrocerías de chapa martillada a mano. Faetón abierto, torpedo, limusina. Lo que pidiera el cliente.
Se vendieron unas 170 unidades entre 1916 y 1923. Veintidós mil pesetas el modelo cerrado. Un oficial del Ejército español cobraba 6.000 pesetas anuales. Un Abadal-Buick costaba casi cuatro años de sueldo de oficial. Lo compraron Alfonso XIII —sí, también—, el conde de Romanones, el duque de Alba, el banquero José Luis Urquijo. Se hicieron familiares en Recoletos y en los paseos del Retiro.
En 1922 la fábrica belga Imperia compró la licencia para producir el mismo modelo en Lieja con motor europeo. La operación duró menos de dos años. Abadal cerró la nave de Joaquín Costa en 1923 y volvió a las pruebas deportivas. Murió en 1934 conduciendo en Sant Feliu de Llobregat, no en carrera, sino contra un camión de leche que se cruzó.
De aquellos Abadal-Buick quedan, según el último censo del Real Automóvil Club de Cataluña, unas diez unidades en estado restaurable. Dos en marcha. Una en el Museo del Motor de Estepona. Las demás, en cocheras particulares de las que no se hace publicidad.
Abadal montó la fábrica en la madrileña calle de Joaquín Costa. Los chasis llegaban en barco desempaquetados desde Nueva York. Cada coche tardaba seis semanas. Cuando el cliente preguntaba si era español o americano, Abadal contestaba: "El motor habla inglés. La carrocería habla castellano."
Lo que costaba salir de fábrica en 1920 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Sin palmarés deportivo relevante. Abadal piloteó él mismo en pruebas regionales catalanas hasta 1922.
Ficha técnica completa
Imperia, la fábrica belga, compró la licencia Abadal en 1922 para vender el mismo modelo bajo el nombre Imperia-Abadal en Lieja. Pocos meses después la operación quebró y la marca desapareció.
Pedro Larrañaga, "Historia del automóvil en España"; Quattroruote 1987; Wikipedia ES
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