El SEAT que demandó a Fiat y ganó delante de un juez de Versalles
En 1982, SEAT acababa de divorciarse de Fiat y necesitaba un coche propio rápido. Lo que se inventó —un Ritmo con lavado de cara y motor patrio— enfureció a Turín hasta el punto de acabar en los tribunales franceses. Aquel pleito, ganado por SEAT, marca el momento exacto en que la compañía dejó de ser una sucursal italiana.

En el otoño de 1982, en una sala del Tribunal de Comercio de Versalles, un juez francés con peluca y toga estaba a punto de decidir si una compañía española tenía derecho a vender un coche en Europa. El demandante era Fiat. El demandado, SEAT. El motivo, un hatchback de cinco puertas llamado Ronda que, según Turín, no era más que un Ritmo con la parrilla cambiada y el escudo nuevo. SEAT había llegado al juicio con una baza inesperada: un Ronda completo con todas las piezas modificadas pintadas de fucsia. Si el juez veía fucsia, era piezas SEAT. Si veía gris, era piezas Fiat. La estrategia, ideada por el departamento jurídico de Zona Franca, era casi infantil. Funcionó.
El Ronda fue, en realidad, un coche nacido por necesidad. En 1980 SEAT se había separado de Fiat tras casi treinta años de licencia, y se encontró en 1982 con un problema urgente: necesitaba un modelo para vender mientras negociaba con Volkswagen. La compañía tenía las herramientas de prensa del Ritmo, los moldes, los conocimientos. Lo que no tenía era el permiso. La salida fue diseñar un coche “nuevo” reutilizando la plataforma. Mario Resta, jefe del departamento de diseño, calculó que con modificar la parrilla, los faros, los paragolpes, los retrovisores, los pilotos traseros y la moldura lateral, el coche podía considerarse legalmente independiente. Era el 30 por ciento del exterior. Justo el suficiente para ganar el juicio.
El Ronda salió a la venta en septiembre de 1982 con dos motores de gasolina (1.2 y 1.5 litros) y un diésel 1.7 que se introduciría meses después. La versión más vendida fue el CL 1.2 de 63 caballos, que entregaba una velocidad punta de 155 km/h y aceleraba de 0 a 100 km/h en algo más de quince segundos. El interior era directamente el del Ritmo: salpicadero envolvente, asientos de tela rugosa, ese olor característico a plástico italiano que cualquier conductor español de los ochenta reconocería con los ojos cerrados. El precio rondaba el millón de pesetas, alrededor de un año de salario medio en una España donde la inflación todavía era de dos dígitos.
La frase que define la batalla la dijo Juan Miguel Antoñanzas, entonces presidente de SEAT, a un periodista de Cinco Días en octubre de 1982: “Hemos pintado de fucsia todo lo que es nuestro. Si Fiat encuentra fucsia en su Ritmo, que nos lo enseñe”. El tribunal de Versalles falló a favor de SEAT en marzo de 1983. Fiat recurrió, perdió otra vez en 1984, y abandonó. Para entonces el Ronda ya estaba vendiéndose en Francia, Bélgica e Italia con la matrícula española orgullosamente expuesta en la chapa trasera. Para SEAT, el caso fue más simbólico que financiero: los abogados costaron caros, pero la compañía demostró que podía existir sin Turín.
El Ronda salió de catálogo en 1986, cuando llegó el Ibiza diseñado por Giugiaro, esta vez sí íntegramente SEAT. Se fabricaron unas 110.000 unidades. Hoy quedan pocos —los carroceros de los ochenta no se prodigaban en galvanizado— pero los que sobreviven cuentan, casi sin querer, una historia de emancipación. En el archivo de la Zona Franca todavía hay un Ronda con las piezas pintadas de fucsia, guardado como una pieza de museo. Se exhibe alguna vez en concentraciones de clásicos, y siempre hay alguien que se acerca, lo mira y pregunta lo mismo: “¿De qué color tan raro lo tenían?” La respuesta correcta es: del color exacto que tiene la independencia.
Hemos pintado de fucsia todo lo que es nuestro. Si Fiat encuentra fucsia en su Ritmo, que nos lo enseñe.— Juan Miguel Antoñanzas, presidente de SEAT, declaraciones a Cinco Días, octubre 1982
En el Salón del Automóvil de París de octubre de 1982, los técnicos de Fiat acudieron al stand de SEAT con cinta métrica en mano y midieron paneles para presentar una denuncia por copia. SEAT respondió pintando de fucsia las piezas que había rediseñado para que el juez los viera sin dudas. El tribunal de Versalles falló en marzo de 1983: solo el 30 por ciento del coche era idéntico al Ritmo, y SEAT tenía derecho a venderlo.
Lo que costaba salir de fábrica en 1982 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Trofeo SEAT Ronda Crono organizado en circuito de Calafat (1983-1985), donde participaron entre otros Jordi Casanovas y Antonio Zanini. Sin victorias internacionales relevantes; vehículo concebido como utilitario, no como deportivo.
Ficha técnica completa
Las piezas pintadas de fucsia para el juicio incluían la parrilla, los faros traseros, los retrovisores, los paragolpes, la moldura lateral y el escudo de capó. SEAT conservó durante años un Ronda completo con esas piezas en fucsia en su archivo de Zona Franca.
Wikipedia ES; archivo Cinco Días 1982-1983; SEAT histórico; sentencia del Tribunal de Comercio de Versalles, marzo 1983
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