Un príncipe argentino con apellido italiano fundó la última fábrica de coches deportivos de la Segunda República
Raúl Pateras Pescara, marqués de Pateras Pescara, inventor del primer helicóptero que voló de verdad, llegó a Madrid en 1929 con un motor de avión y la idea de meterlo en un coche. La fábrica Nacional Pescara duró cuatro años. Se le acabó el dinero y empezó la guerra.

Raúl Pateras Pescara nació en Buenos Aires en 1890, hijo de inmigrantes italianos de Pescara —de ahí el apellido—. A los veinticinco años patentó en París un helicóptero coaxial de cuatro hélices que voló en 1923 más alto que cualquier otro aparato de su tipo. A los treinta y nueve años, en 1929, llegó a Madrid invitado por el Comité Iberoamericano de Aeronáutica para asesorar a la incipiente industria aeronáutica española. Trajo consigo a su hermano Henry, a su esposa francesa y a un ingeniero italiano llamado Edmond Moglia.
Pescara se aburría en Madrid. Visitó las instalaciones de Hispano-Suiza, Elizalde y AHN, y decidió que España necesitaba un coche deportivo nacional. Convenció al Ministerio de Industria de la Dictadura de Primo de Rivera para que le adelantara un crédito, alquiló una nave en la avenida de la Reina Victoria de Madrid y montó la Sociedad Anónima Nacional Pescara con capital mixto español-argentino-italiano. El primer prototipo —Tipo B, ocho cilindros en línea, tres litros, compresor— rodó en marzo de 1929.
El motor era una variante del que Pescara había diseñado para sus aviones experimentales. Bloque de aluminio, doble árbol de levas en culata, compresor centrífugo. Ciento diez caballos a 4.500 rpm en una España donde un SEAT no existía y el coche medio tenía cuarenta caballos. La carrocería, ligera, de aluminio remachado sobre estructura de fresno. Edmond Moglia firmó los planos. El precio: sesenta y cinco mil pesetas. Un funcionario de hacienda ganaba 5.500 pesetas anuales. Un Pescara costaba doce años de sueldo.
Se fabricaron, según los libros de la fábrica conservados en parte en el Archivo Histórico Nacional, seis coches entre 1929 y 1933. Dos para Pescara y su hermano. Uno para el conde de Ruiz de Castilla. Uno para un industrial valenciano de cuyo nombre la prensa no dio noticia. Dos para el ministerio de Industria como vehículos oficiales experimentales. La crisis del 32 dejó a la fábrica sin créditos. La proclamación de la República cambió el cuadro de interlocutores. La Guerra Civil enterró todo lo que quedaba de la nave.
De los seis Pescara se conservan dos. Uno en el Museo del Automóvil de Salamanca, restaurado. El otro en una colección privada de Buenos Aires —la familia Pescara emigró de vuelta en 1936—, con el motor original. Cuando arrancan, suenan como un avión de los años treinta. Lo eran a medias.
El primer prototipo Pescara debutó en el GP de San Sebastián de 1929 con Pescara al volante. Lideraba la carrera cuando un faro se desprendió y le cortó el cable del acelerador. Pescara terminó la prueba a medio gas y aún quedó cuarto. El padre se enfadó tanto que casi le retira la dote.
Lo que costaba salir de fábrica en 1930 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Cuarto en el GP de San Sebastián 1929. Récord en Montlhéry 1931 con 178 km/h en una hora.
Ficha técnica completa
El motor de los Pescara tenía un compresor centrífugo accionado por engranajes desde el cigüeñal, copiado del de los aviones que Pescara probaba en Cuatro Vientos. El sistema era tan agresivo que partía válvulas cada quinientos kilómetros. Por eso casi todos los coches llevaban juegos de repuesto en el maletero.
Manuel Lage, "Las marcas españolas"; Archivo Aviación Cuatro Vientos; Pedro Larrañaga
¿Tienes o tuviste un Nacional Pescara Tipo B?
Cuéntanos tu historia. Foto, año, lugar. La publicamos bajo esta ficha con tu nombre, si quieres.
Cuenta tu historia


