El primer Rolls-Royce moderno
Hasta 1965, todos los Rolls-Royce eran chasis con bastidor sobre el que el cliente encargaba la carrocería. El Silver Shadow rompió esa norma: era una berlina autoportante, con frenos de disco a las cuatro ruedas, suspensión hidroneumática y aire acondicionado. Por primera vez, comprar un Rolls-Royce significaba comprar un coche y no un proyecto.

Hasta 1965, comprar un Rolls-Royce era encargar dos cosas. La primera, un bastidor con motor que salía de la planta de Crewe pintado en gris primer. La segunda, una carrocería a medida —de H. J. Mulliner, Park Ward, James Young o Hooper— que el cliente diseñaba con un dibujante a sueldo y que tardaba entre seis y dieciocho meses en construirse. El Silver Cloud III, último modelo con esa fórmula, costaba 5.517 libras solo el chasis. La carrocería podía añadir otras 3.000 a 8.000 libras. El precio total dependía de elecciones del cliente: madera, cuero, ornamentación, ventanas. Rolls-Royce, marca fundada en 1904, mantenía esa práctica desde el principio. El Silver Shadow la rompió.
John Blatchley había entrado en la casa en 1951 desde Park Ward, donde había dirigido el departamento de carrocería. En 1955 lo nombraron jefe de diseño de Rolls-Royce. El Silver Shadow lo dibujó entre 1959 y 1964. La carrocería era autoportante, sin bastidor independiente. La altura total bajaba doce centímetros respecto al Cloud. La cintura del coche descendía nueve más. Las proporciones recordaban a un Cadillac DeVille europeizado. Tenía aire acondicionado de serie —una primicia para la marca— y suspensión hidroneumática desarrollada con licencia Citroën. Los frenos eran de disco a las cuatro ruedas, con triple circuito hidráulico también licenciado a Citroën.
El motor era el V8 aluminio de 6.230 cc presentado en 1959 con el último Silver Cloud II. En 1970 subió a 6.750 cc, cifra que Rolls-Royce mantendría durante 50 años hasta el último Phantom de 2020. La potencia oficial era suficiente, expresión tradicional de la casa que evitaba dar cifras concretas. Las pruebas independientes de Autocar en 1969 midieron 220 caballos a 4.500 rpm en la versión 6.230. Para el 6.750, la cifra estimada se acercaba a los 240. La transmisión automática General Motors Turbo-Hydramatic 400, introducida en 1968, sustituyó a la propia caja Rolls-Royce de cuatro marchas que el coche había llevado al lanzamiento.
Lo que casi nadie cuenta es que el Silver Shadow estuvo a punto de matar a Rolls-Royce. Los costes de desarrollo del coche, sumados al programa fallido del motor de avión RB211 que arruinó la división aeronáutica de la marca, llevaron a Rolls-Royce a la quiebra en febrero de 1971. El Gobierno británico de Edward Heath nacionalizó la compañía. La división de coches —Rolls-Royce Motors— se vendió en bolsa en 1973 y se hizo independiente. El Silver Shadow siguió fabricándose. De hecho, las ventas mejoraron: la marca apareció en titulares, los compradores quisieron uno antes de que cambiara la situación. Entre 1971 y 1980 se vendieron 22.000 unidades adicionales del Shadow.
El último Silver Shadow salió de Crewe en febrero de 1980. Se sustituyó por el Silver Spirit, que utilizaba la misma plataforma con carrocería rediseñada. La producción total —30.057 unidades en 15 años— hizo del Shadow el modelo más vendido de la historia de Rolls-Royce hasta esa fecha. Hoy es el Rolls-Royce más asequible del mercado clásico: una unidad en estado correcto se vende entre 15.000 y 30.000 libras. Para muchos coleccionistas, comprar un Shadow es la única forma de poseer un Rolls-Royce. Es también, según el propio club, la única forma de aprender lo que costaba mantener uno.
Es un Rolls-Royce que también es un automóvil.— L. J. K. Setright, Car Magazine, octubre de 1965
John Blatchley, jefe de diseño de Rolls-Royce desde 1955, dibujó el Silver Shadow durante cinco años. La dirección de Crewe exigía que el coche pareciera más moderno que el Silver Cloud III, pero sin perder la silueta tradicional que justificaba el precio. Blatchley resolvió la ecuación reduciendo la altura del techo en doce centímetros y bajando la cintura de la carrocería en nueve, sin tocar la altura interior. El cliente no sabía explicar por qué el coche parecía más bajo, pero todos lo notaron. Blatchley se retiró en 1969 y se mudó a Devon, donde se dedicó a pintar acuarelas paisajísticas hasta su muerte en 2008.
Lo que costaba salir de fábrica en 1965 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Coche oficial de Estado: monarquía británica, embajadas británicas en 47 países, Casa Real de Mónaco, presidencia de Singapur. Producción más larga en la historia de la marca hasta esa fecha: 30.057 unidades en 15 años, frente a las 7.372 del Silver Cloud.
Ficha técnica completa
El sistema de suspensión hidroneumática del Silver Shadow se desarrolló bajo licencia de Citroën. El acuerdo entre Rolls-Royce y Citroën se firmó en octubre de 1962, durante una visita del director técnico Harry Grylls a la planta de Quai de Javel en París. Citroën cobró un canon por coche durante toda la vida útil del modelo. Cuando Rolls-Royce lanzó el Silver Spirit en 1980 con sistema propio, dejó de pagar. En Crewe sigue conservándose una placa firmada por André Citroën hijo: *Pour l'amitié industrielle*.
Rolls-Royce Enthusiasts Club archives; Martin Bennett, Rolls-Royce Silver Shadow 2009; Car Magazine 1965; Crewe Heritage Trust
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