El primer coche del mundo concebido en una pizarra exclusivamente para ganar rallies
Cesare Fiorio dirigía la escudería Lancia en 1971 y necesitaba un arma. Encargó a Bertone un coche que no derivara de ningún modelo de calle. Marcello Gandini dibujó una cuña de 980 kilos con motor central trasero V6 prestado por Ferrari. Lancia tuvo que homologar 500 unidades para vendérselas a clientes que casi nadie quería. Resultado: tres campeonatos del mundo consecutivos.

Cesare Fiorio tenía treinta y dos años cuando le encargaron, en 1971, dirigir el futuro deportivo de Lancia. Acababa de ganar el campeonato europeo de rallies con el Fulvia HF Coupé, un coche pequeño de tracción delantera con 115 caballos. La FIA estaba a punto de cambiar la regulación del Grupo 4, permitiendo coches con homologación de solo 500 unidades. Fiorio entendió antes que el resto que la nueva regulación abría una puerta: un coche concebido para ganar rallies, sin necesidad de derivar de un modelo comercial preexistente. Llamó a Nuccio Bertone a su despacho de Turín en mayo de 1971 y le dijo: “Voglio una macchina che non si veda mai per strada”.
Bertone aceptó. Encargó el diseño a su jefe de estilo, Marcello Gandini —el mismo que había firmado el Miura, el Espada y el Countach— y le dio dos meses para entregar la maqueta. Gandini dibujó en una pizarra de Grugliasco una cuña violenta, con un parabrisas casi envolvente que se prolongaba a los lados como un casco, un techo cortado en dos planos y un motor central trasero accesible levantando todo el portón posterior. La altura total del coche era de 1,11 metros. La batalla, 2,18. Más corto que un Fiat 500 y más bajo que un Lamborghini Miura. Para el motor, Fiorio negoció directamente con Enzo Ferrari: el V6 Dino de 2.418 cc, dos árboles por bancada, 190 caballos. Enzo aceptó vender el bloque al grupo Fiat —que controlaba Lancia desde 1969— con una condición: el Stratos no podía llevar nombre Ferrari en ningún rótulo.
Lo que casi nadie cuenta es que las 500 unidades de homologación que exigía la FIA fueron un dolor de cabeza industrial. Lancia no tenía cadena para fabricarlas. Bertone se encargó de los cuerpos en Grugliasco. Lancia montaba la mecánica en Chivasso. Ferrari suministraba los motores en cuentagotas. La producción real entre 1973 y 1975 fue de 492 unidades —no 500— y a Lancia le costó convencer a los inspectores FIA de homologar el coche con ocho ejemplares de menos. Los 492 Stratos Stradale se vendieron a través de concesionarios Lancia a clientes ricos a precios de 8 millones de liras (el equivalente actual a unos 50.000 euros). Pero el coche era brutal para el uso urbano: visibilidad nula, refrigeración improvisada y caja de cambios prestada del Dino que se calentaba en atascos. Muchas unidades acabaron en garajes, casi sin kilómetros, simplemente para que Lancia pudiera homologar la competición.
Sandro Munari ganó el Rallye Sanremo de 1974, 1975 y 1976. El Rally de Montecarlo de 1975, 1976 y 1977. El Tour de Corse de 1974 y 1976. El Stratos de competición, aligerado a 880 kilos y subido a 280 caballos con dos carburadores Weber 44 IDF, era prácticamente inalcanzable en pistas de tierra y nieve. Lancia ganó tres campeonatos del mundo de marcas consecutivos: 1974, 1975, 1976. Cuando llegó 1977, Fiat —dueña ya completamente del grupo— ordenó retirar el Stratos del programa oficial para concentrar recursos en el Fiat 131 Abarth. La razón era comercial: nadie compraba Stratos en el concesionario. Todos compraban 131. La carrera siguió tres años más con apoyo privado, pero el Stratos como proyecto industrial terminó el 31 de diciembre de 1977.
Quedan hoy en el mundo unos 380 Stratos Stradale identificados con número de bastidor original. Los precios en subasta oscilan entre 400.000 y 700.000 euros, con picos de un millón para unidades con historial deportivo documentado. En 2018, RM Sotheby’s adjudicó el chasis 829AR0001931, ganador del Sanremo 1976, por 873.000 euros. Cesare Fiorio sigue vivo a los ochenta y cinco años. En su despacho de Turín conserva una grabación de diecisiete segundos. Una voz al teléfono dice, en italiano, “Cesare, l’abbiamo fatta”. Después se oye el clic del auricular. No hace falta más.
Una macchina che non è una macchina: è uno strumento.— Sandro Munari, entrevista en Autosprint, abril de 1975
El 7 de octubre de 1974, el día del título mundial del campeonato de marcas en el Rallye Sanremo, Sandro Munari celebró la victoria con una llamada telefónica desde la cabina de teléfonos del hotel Royal. Llamó a Cesare Fiorio, que le esperaba en Turín. La conversación, según el libro de memorias de Fiorio publicado en 2003, duró diecisiete segundos y consistió en una sola frase de Munari: 'Cesare, l'abbiamo fatta'. Después colgó. Fiorio guardó la grabación —el secretario tenía instrucciones de grabar todas las llamadas entrantes— y la conserva, dice, en una caja fuerte de Turín.
Lo que costaba salir de fábrica en 1973 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Campeonato del Mundo de Rallies marcas: 1974, 1975, 1976. Rally de Montecarlo: 1975, 1976, 1977 (Sandro Munari). Rally Sanremo: 1974, 1975, 1976, 1979. Tour de Francia Automovilístico 1973: Sandro Munari. Targa Florio 1973: Larrousse-Balestrieri.
Ficha técnica completa
Marcello Gandini dibujó el Stratos en una pizarra de la oficina de Bertone en Grugliasco durante el verano de 1971. La cuña frontal —ángulo de ataque de 17 grados— se inspiraba en el concept Stratos Zero de 1970, también firmado por él, que medía 33 centímetros de altura desde el suelo. El parabrisas curvo del Stratos de producción usaba el mismo molde que el del Lamborghini Urraco para ahorrar costes. Bertone era proveedor de los dos.
Wikipedia IT; Centro Storico Fiat; Autosprint archivo 1973-1981; libro "Cesare Fiorio, una vita di corse" (2003); RM Sotheby's catálogos
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