El Itala Grand Prix gana la primera y la segunda Targa Florio, y un año después cruza Beijing-París por estepa siberiana sin asistencia
Cefalù, Sicilia, mayo de 1906. Alessandro Cagno cruza la meta de la primera Targa Florio al volante de un Itala que pesa una tonelada y entrega ciento veinte caballos a través de un cárter de aluminio fundido en Turín. Nueve horas y treinta y dos minutos antes había salido desde el mismo punto con veintinueve coches detrás. Solo diez terminan. La marca italiana acababa de inscribir su nombre en la primera competición de automovilismo del sur de Europa.

Matteo Ceirano había salido de Fiat en 1904 después de tres años trabajando en la dirección técnica de la marca de los Agnelli. La salida fue por desacuerdos con la línea de fábrica: Giovanni Agnelli quería pasar a producción en serie de coches de calle, Ceirano quería seguir desarrollando coches de competición que sirvieran como banco de pruebas. Ceirano fundó Itala en Turín, en Corso Mediterraneo, número 19, con capital de la familia Bocca, comerciantes de seda piemonteses.
El primer producto de Itala fue un coche de competición. El motor era cuatro cilindros en línea, cárter de aluminio fundido, 14.432 cc, distribución por válvulas laterales y dos magnetos Bosch. La potencia homologada para el Gran Premio de Francia de 1906 fue de 120 CV a 1.300 rpm. La cilindrada parece desproporcionada para un coche que entregaba esa potencia: lo era. Era el estilo de la época. Renault, Peugeot, Mercedes y Fiat construían motores enormes y de baja rotación. El secreto técnico estaba en sacar el par lo más bajo posible para garantizar capacidad de aceleración en cuestas (la mayor parte de las pruebas se corría en carretera abierta, con desniveles considerables).
Alessandro Cagno, piloto de Itala desde la fundación de la marca, había sido elegido por Ceirano para correr la primera Targa Florio. Vincenzo Florio, organizador, había invitado personalmente a Itala después de visitar la fábrica de Turín en otoño de 1905. La Targa se disputó el 6 de mayo de 1906 sobre tres vueltas al circuito grande de las Madonie (148 kilómetros cada una). Diez coches inscritos. Diez de salida. Diez de llegada: solo Cagno. El resto abandonaron por avería, accidente, o cansancio del piloto. Cagno cubrió las tres vueltas en nueve horas y treinta y dos minutos. Media: 28 km/h.
Al año siguiente, la Targa volvió. Esta vez la ganó Felice Nazzaro, piloto piamontés que correría también el Gran Premio de Francia ese mismo verano con Fiat. Para la Targa, Nazzaro pilotó un Itala con la misma mecánica del coche de Cagno. La media en 1907 subió a 33 km/h. El mismo Nazzaro, dos meses después, ganaba el Gran Premio de Francia en Dieppe con Fiat. Era el primer doblete italiano de la temporada en pruebas mundiales.
En junio de 1907, el príncipe italiano Scipione Borghese inscribió un Itala 35/45 HP (modelo de calle, no de competición) en la prueba Beijing-París organizada por el diario francés Le Matin. La distancia: 16.000 kilómetros entre las dos capitales. La ruta: Mongolia, desierto de Gobi, lago Baikal, Siberia, Urales, Polonia, Berlín y París. Borghese llegó a París el 10 de agosto de 1907, sesenta días después de salir de Pekín. El Itala se exhibió en el Salón de París de octubre. La marca se convirtió en referencia mundial. Lapso de tiempo entre la primera Targa Florio (mayo 1906) y la entrada de Itala como marca exportadora al mercado norteamericano: trece meses.
Itala fabricó coches hasta 1934. La crisis económica del bienio 1932-1934 cerró la planta de Corso Mediterraneo. Los cuatro chasis del Grand Prix original sobreviven en museos: dos en Turín, uno en Roma, uno en colección privada estadounidense. Ninguno aparece nunca en subasta pública.
Il sud ha la sua corsa, e con la corsa avrà la modernità.— Vincenzo Florio (Cefalù, 6 de mayo de 1906)
Matteo Ceirano, ingeniero piamontés nacido en Cuneo en 1870, había fundado Itala en Turín en 1904 después de salir de Fiat por desencuentros con la familia Agnelli. La fábrica de Itala estaba en Corso Mediterraneo, en el barrio de San Salvario de Turín. Para 1906 Ceirano había construido un coche de competición con motor de 14.432 cc, cuatro cilindros en línea, válvulas laterales y distribución por engranajes silenciada con piñones helicoidales. La potencia homologada era de 120 CV a 1.300 rpm. El coche pesaba 1.100 kilos en seco y se vendía por veintiocho mil liras (equivalente a unos ochenta mil euros actuales). Cuatro unidades se fabricaron para competición en 1906-1907. Vincenzo Florio, organizador de la Targa, había invitado a Itala personalmente: conocía a Ceirano de un viaje a Turín en otoño de 1905. Alessandro Cagno, piloto de Itala desde la fundación de la marca, recorrió las Madonie palmo a palmo durante la semana anterior al evento. Ganó la edición inaugural en 9h32m24s con una media de 28 km/h. En 1907 el Itala volvió a ganar la Targa con Felice Nazzaro al volante, en circuito reducido a tres vueltas de 148 km cada una. El mismo año, un Itala ganaría también el Gran Premio de Francia en Dieppe con Felice Nazzaro: era el primer triunfo italiano en suelo francés y la confirmación de que la marca de Ceirano podía competir con Renault, Peugeot y los grandes constructores galos del momento. Un año más tarde, en junio de 1907, el príncipe italiano Scipione Borghese inscribe un Itala 35/45 HP (el modelo grande de calle, no el de competición) en la prueba Beijing-París organizada por Le Matin. El equipo Borghese cubre los 16.000 kilómetros de Beijing a París (Mongolia, Siberia, Urales, Polonia, Berlín, París) en sesenta días, sin asistencia mecánica organizada. Es el primer coche que cruza el continente euroasiático. Itala se convierte en marca mundial. La fábrica de Corso Mediterráneo daría empleo en 1909 a 1.200 obreros. La marca cerraría en 1934 después de la crisis económica que se llevó a casi todos los constructores italianos pequeños.
Lo que costaba salir de fábrica en 1906 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Ficha técnica completa
Archivio Storico Itala (Museo Nazionale dell'Automobile di Torino); Corriere della Sera ediciones 7 y 8 de mayo de 1906; Le Matin ediciones de agosto-octubre 1907 sobre Beijing-París.
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