Diario · junio de 2026
Top Gear: los coches que cuentan algo
Cómo tres británicos en garajes prestados convirtieron un programa de motor en el mecanismo de valoración cultural del coche corriente
por Cuarta
Surrey, Inglaterra, 20 de octubre de 2002. Jeremy Clarkson, Richard Hammond y un nuevo presentador llamado James May graban el primer episodio de la nueva era de Top Gear para la BBC. La premisa es engañosamente sencilla: un programa de motor que en realidad no va de motor. Va de tres amigos discutiendo. En las veintidós temporadas que siguieron, en la BBC y en Amazon como The Grand Tour, esos tres hombres compraron, condujeron, quemaron, ahogaron, lanzaron por barrancos y destrozaron a martillazos más coches que cualquier programa de televisión en la historia. Y, sin proponérselo, levantaron el archivo de valoración cultural más completo del coche corriente del siglo XX.
La tesis del dossier es la siguiente. Top Gear y The Grand Tour funcionaron como mecanismo de valoración cultural equivalente a Goodwood Revival, pero para coches que en Goodwood no entrarían ni a aparcar. Lo que en West Sussex vale más por provenance —el Ferrari 250 GTO que corrió en 1962, el Aston DB4 GT que pilotó Stirling Moss—, en Top Gear vale más por memoria. El Mercedes W123 que cruzó el Kalahari, el Volvo 940 que sobrevivió a Polonia, el Toyota Hilux que no pudieron matar. Coches que costaban 1.500 libras y que hoy, por haber salido en un episodio, multiplican su precio por diez. La prima Top Gear es real, está documentada en eBay y Bring a Trailer, y es uno de los pocos vectores de revalorización clásica que no depende de pedigree de fábrica.
Las apuestas Conundrum
El mecanismo central del programa, desde 2007, fue la apuesta. Comprar un coche por una cantidad fija —£1.500 al principio, £2.000 desde 2010, £3.500 en 2013, £10.000 en los últimos años— y atravesar un territorio inhóspito. Botswana fue la primera. Luego Vietnam en moto, Polonia, Patagonia, el sur profundo de Estados Unidos, Mongolia, Madagascar, Namibia, Birmania. Los presentadores compraban a oscuras, con el coche aún sin ver, en un concesionario de barrio o en un anuncio de Auto Trader.
La consecuencia inesperada del formato fue mercantil. Después del Special de Botswana, emitido en diciembre de 2007, el Mercedes 230E W123 subió alrededor del 40% en el mercado británico de segunda mano en los seis meses siguientes. Después de Polonia, en 2011, el Volvo 940 Estate, que se vendía por 800-1.200 libras en anuncios de chatarrero, ganó un culto que todavía no ha terminado. Hoy un 940 Estate en estado correcto se cambia por 5.000 a 8.000 libras en Reino Unido. La fuente del precio no es el coche. Es el episodio.
El Cool Wall
Entre 2002 y 2010 existió, en el plató del Dunsfold Aerodrome, una pared dividida en cuatro columnas: Seriously Uncool, Uncool, Cool y Sub-Zero. Clarkson y Hammond colocaban en ella fotografías de modelos recientes —el BMW X3, el Audi A2, el Saab 9-5, el Bentley Continental GT— y discutían dónde clavarlas. La pared no era un sistema de evaluación técnica. Era un veredicto social. Mandar el X3 a la Fridge —el frigorífico colocado al borde de Sub-Zero, donde dormían los coches que ni siquiera Hammond podía defender— afectaba las cifras del concesionario en cuestión de semanas. Los departamentos de marketing alemanes seguían el Cool Wall con la misma seriedad con que un gestor mira Bloomberg. La pared dejó de existir en 2010, pero los efectos persistieron una década más en el mercado secundario.
Star in a Reasonably Priced Car
El otro vector clave del programa fue el famoso invitado del segmento Star in a Reasonably Priced Car: una vuelta cronometrada al circuito interior del aeródromo, primero a bordo de un Suzuki Liana y después de un KIA Cee’d. Tom Cruise marcó 1:44.2 en el Cee’d en 2010, récord de pilotos no profesionales que aguantó tres años. Cameron Diaz hizo 1:46.0. Damon Hill conducía como si fuese un GP. Lewis Hamilton, ya campeón mundial, marcó 1:42.9. Cristiano Ronaldo se subió en 2007 con el Liana y los técnicos del circuito le pidieron levantar el pie en la curva 3, donde llevaba dos ruedas en el aire. El segmento desapareció con la marcha de Clarkson en 2015. Los tiempos siguen archivados en hojas de cálculo de fans y se citan como referencia.
Los specials que cambiaron coches
El núcleo de la prima Top Gear son los específicos. Episodios de noventa o ciento veinte minutos, rodados en exteriores, con un coche distinto por presentador. Cuatro destacan por su efecto en el mercado.
Botswana, 2007. Lancia Beta Coupé HPE para Clarkson —que enseguida pasaría al Mercedes 230E W123 cuando el Lancia se desintegró antes del Kalahari—, Opel Kadett D 1981 para Hammond, Volvo 245 Estate para May. El 230E cruzó el desierto de sal con 51 grados en cabina y sobrevivió a todo. El Opel se quemó. El Volvo perdió tres ruedas en orden cronológico. Lo que sucedió después en el mercado británico del W123 ya está dicho.
Vietnam, 2008. Sin coches. Motos: Honda Cub para Clarkson, Vespa LX125 para Hammond, Piaggio MP3 para May. Especial atípico, sin efecto mercantil sobre el motor de cuatro ruedas pero con consecuencia comercial directa para Honda Vietnam, que registró un aumento del 17% en pedidos del Cub en el trimestre siguiente.
Polonia, 2011. Citroën BX 1989 para Clarkson, Ford Sierra Estate 1987 para Hammond, Volvo 940 Estate para May. Atravesar la Polonia post-comunista por la antigua autopista E40. Hammond perdió el motor en el día uno. May trabajó como camarero en Cracovia. El cierre del episodio, visita silenciosa a Auschwitz, lo editó la BBC del montaje final pero se filtró en versiones extendidas. El Volvo 940 todavía vive de aquella herencia.
Patagonia, 2014. Porsche 928 GT para Clarkson —matrícula H982 FKL, las cuatro letras que provocaron el incidente—, Ford Mustang Mach 1 1969 para Hammond, Lotus Esprit V8 para May. Tolhuín, Tierra del Fuego. Los veteranos de Malvinas ven la matrícula, interpretan la provocación, la noche acaba a pedradas. El equipo huye al norte con escolta policial. Argentina retira el programa de la TV pública. La BBC paga indemnizaciones y reescribe la política editorial.
Sur profundo de Estados Unidos, 2007. Cadillac Coupe DeVille 1989 para Clarkson, Camaro 1990 para May, Pontiac Trans Am 1991 para Hammond. Mensajes pintados a brocha en los costados de los coches —“Country & Western is rubbish”, “I’m Bi”, “Hillary for President”— y conducir por Alabama, Mississippi y Louisiana. El bar de Alabama, los gritos, las pistolas, los huevos lanzados a los parabrisas, la fuga grabada con cámara subjetiva. Imagen icónica de la era Clarkson.
Mongolia, 2018, ya como The Grand Tour. Land Rover Series III modificados con caja autoportante para atravesar la cuenca del Khövsgöl. El Land Rover Series, ya valorado, no necesitaba prima.
Madagascar, 2020. Special troncal. La pieza que casi vuelve a matar a Hammond cuando el Ford Crown Victoria sin frenos se le va por un acantilado. La grabación se cortó porque Hammond seguía dentro del coche.
La conexión Cuarta
La prima Top Gear funciona como las pegatinas invisibles de Goodwood. El Porsche 928 GT de 1989 estaba en mercado británico a 25.000 libras antes de la Patagonia 2014. Hoy hay listas de espera en eBay UK y Bring a Trailer para 928 GT en general, con techo cercano a las 70.000 libras para unidades en buen estado. El Volvo 940 Estate, el Mercedes W123, el Toyota Hilux Mk5, el Lancia Beta Coupé HPE, todos comparten el mismo mecanismo: un episodio archivado en YouTube con cientos de millones de visitas, un coche concreto identificado en él, y un comprador dispuesto a pagar la diferencia entre el precio razonable y el precio nostálgico.
A esto se añade la dimensión generacional. Los espectadores que en 2007 tenían quince años y veían el Botswana Special en la habitación de su casa hoy tienen treinta y cuatro y poder adquisitivo. El coche al que están dispuestos a llegar no es el Aston Martin DB5. Es el Volvo 245 verde con la baca rota. Top Gear convirtió coches de cuatrocientas libras en objetos sentimentales con cotización propia. Eso no lo había hecho ningún programa de motor antes y, salvo accidente, no lo volverá a hacer ninguno.
El dossier que sigue desglosa los cuatro specials con efecto documentado sobre el mercado clásico —Botswana, Patagonia, Polonia, Sur Profundo— en piezas independientes, y reúne las fichas de los coches concretos que los protagonizaron. Diez de ellas son nuevas en el catálogo. Las cuatro restantes —Mercedes W123, Porsche 928, Lotus Esprit V8 Twin Turbo, Fiat Coupé 20V Turbo— ya estaban y han recibido la etiqueta correspondiente. El conjunto es un mapa razonado del coche corriente que terminó cotizando como clásico porque tres británicos se rieron de él en horario de máxima audiencia.