Cuarta

Diario · junio de 2026

Cine 60-70: los coches que conducían los antihéroes

De Bullitt a The Driver, doce años en los que Hollywood entendió que el motor también actuaba

por Cuarta

San Francisco, mayo de 1968. Peter Yates dirige Bullitt para Warner Bros con Steve McQueen como el teniente Frank Bullitt. La persecución por las colinas de Russian Hill y Potrero Avenue dura 10 minutos 53 segundos en pantalla. El Mustang GT 390 verde Highland persigue al Charger 440 Magnum negro a través de Taylor Street, Filbert Street, Larkin Street, las crestas con saltos sobre las rodaduras, la rampa por debajo de la US-101 hacia el aeropuerto. La cámara va dentro del Mustang, montada en el salpicadero, oscilando con el motor. McQueen conduce personalmente buena parte del metraje; el doble Bud Ekins se encarga de los planos peligrosos. Lo que el espectador en 1968 no sabe es que el cine acaba de cambiar. Hasta ese día, la persecución era un trámite. Después de Bullitt, ninguna película policial podrá filmar un coche sin tomar partido. El motor empieza a actuar.

Este dossier recorre las seis películas que entre 1968 y 1978 reescribieron la relación entre Hollywood y el automóvil. No son las únicas, pero son las que dejaron una herencia mecánica concreta: marcas que cambiaron de discurso, modelos que entraron al mercado de coleccionismo por una sola escena, chasis individuales que se subastan hoy por la cifra de una vivienda en el Boulevard Saint-Germain. Son los años en los que el cine descubrió que un coche puede ser un personaje sin diálogo y los años en los que la industria del automóvil descubrió que un cameo cinematográfico podía ser un activo de marca durante medio siglo.

Bullitt (1968) — Frank Bullitt frente a Phil Cathcart

Ford había firmado en marzo de 1968 un acuerdo de placement con Warner Bros para suministrar los coches del rodaje. Aportó dos Mustang Fastback GT 390 idénticos: chasis 8R02S125558 y 8R02S125559, ambos color Highland Green metalizado, motor V8 Ford 390 FE de 6.391 cc y 325 caballos, caja manual de cuatro velocidades. Chrysler colaboró con dos Dodge Charger R/T 440 Magnum negros. El stunt coordinator Carey Loftin y el doble Bud Ekins ajustaron mecánicamente los coches: muelles más duros, barras estabilizadoras de mayor diámetro, frenos de disco delanteros para los Mustang (los GT 390 estándar llevaban tambor), neumáticos Goodyear deportivos.

La persecución se rodó entre el 14 y el 24 de mayo de 1968. La gente del barrio veía pasar los coches a velocidad real por las colinas, sin ensayo, mientras la policía cortaba intermitentemente las calles. La continuidad falló en cuatro ocasiones: el Charger pierde tapacubos en cuatro tomas distintas. Roger Ebert escribió en su crítica de octubre de 1968: “es la persecución contra la que todas las demás persecuciones se medirán”. Después del rodaje, el Mustang chasis 8R02S125558 (el del doble) acabó vendido a un detective de Los Ángeles, accidentado en 1974 y desguazado. El chasis 8R02S125559 (el de McQueen) lo compró Robert Kiernan en 1970 por 6.000 dólares y lo guardó cuarenta y ocho años en un garaje familiar en Tennessee. McQueen escribió en 1977 para comprarlo. Kiernan contestó: “el coche se queda en mi familia”. La carta original sigue en el archivo Kiernan. Reapareció en enero de 2018 en el Salón de Detroit, presentado por Sean Kiernan, hijo de Robert. RM Sotheby’s lo subastó en Kissimmee, Florida, el 10 de enero de 2020. Cifra final: 3.740.000 dólares.

The Italian Job (1969) — Charlie Croker y los tres Mini

Turín, primavera de 1969. Peter Collinson dirige para Paramount con Michael Caine, Noël Coward y Benny Hill. El robo del oro del museo de Turín durante un atasco político programado por Croker. La huida en tres Mini Cooper S Mk1 1964 con motor 1.275 cc: rojo, blanco, azul. Los colores de la Union Jack en una película británica rodada íntegramente en Italia. El productor Michael Deeley negoció con BMC el préstamo de seis unidades, tres para rodaje principal y tres de reserva. La escena del Lingotto, la antigua fábrica Fiat con pista de pruebas en la azotea, se rodó con permiso directo de Gianni Agnelli, que aceptó dejar entrar a un equipo británico para rodar un robo cinematográfico en su tejado.

Caine improvisó la frase más conocida del cine británico cuando los muchachos del taller saltan por los aires la furgoneta equivocada: “you were only supposed to blow the bloody doors off”. La frase no estaba en el guion. Quentin Tarantino la mencionó como una de sus tres frases favoritas en una entrevista con Empire de 2004. Los tres Mini Cooper S Mk1 originales fueron destruidos durante el rodaje: el rojo cayó al río Po en la secuencia final, el blanco se aplastó en la pista de pruebas y el azul se desfondó en una escalera del centro turinés. Hoy un Mini Cooper S Mk1 1964 con réplica de pintura película —tres se han documentado en mercado europeo entre 2018 y 2024— se vende entre 80.000 y 130.000 euros.

Le Mans (1971) — Michael Delaney y el Porsche 917K Gulf

Steve McQueen casi muere produciendo esta película. Casi quiebra Solar Productions, la productora que él mismo había fundado con Robert Relyea en 1962. El director original, John Sturges, abandonó el rodaje en agosto de 1970 tras seis semanas de tensiones con McQueen, que insistía en filmar sin guion definitivo. Lo sustituyó Lee Katzin. El presupuesto inicial era de seis millones de dólares; el rodaje cerró con ocho y medio. El estreno en cine acumuló cinco millones brutos en Estados Unidos, desastre de taquilla. McQueen perdió la propiedad de Solar Productions. Cinema Center Films, productor delegado, retomó la post-producción y reescribió secuencias enteras en sala de montaje.

El 917K Gulf naranja y azul es McQueen. La librea de John Wyer Automotive Engineering, los azul Mar de Aral y naranja Gulf Refining Company, se convirtió por culpa de esta película en la librea más reconocible del automovilismo de prototipos. McQueen filmó durante las 24 Horas de Le Mans de 1970 reales: cámaras montadas en Lola T70 conducidos por Jonathan Williams y David Piper. Piper perdió media pierna en un accidente durante la sesión de rodaje del 18 de junio de 1970; el guion lo recoge sin nombrarlo. Solar Productions le pagó la rehabilitación. El estreno en Estados Unidos fue el 23 de junio de 1971. Cinco años más tarde la crítica francesa la había rehabilitado. Hoy es película de culto. De los aproximadamente veinticinco Porsche 917K construidos entre 1969 y 1971, sobreviven once chasis confirmados; cuatro de ellos llevan librea Gulf. Valor en mercado: entre quince y veinticinco millones de euros.

Vanishing Point (1971) — Kowalski cruza el continente

Antitético americano-corporativo. Kowalski, conductor de coches de Denver a San Francisco para una empresa de entregas, acepta entregar un Dodge Challenger R/T 440 6-Pak blanco en quince horas, distancia que requeriría treinta. La persecución policial atraviesa Colorado, Utah, Nevada y California. El director Richard Sarafian rodó para 20th Century Fox con Barry Newman en el papel de Kowalski y Cleavon Little como Super Soul, el locutor de radio ciego que guía al fugitivo desde una emisora de FM. La película se estrenó el 13 de marzo de 1971. La escena final, en la que Kowalski embiste contra dos bulldozers Caterpillar en una intersección rural de California, ha sido leída desde 1971 como el monumento cinematográfico al individualismo contracultural americano.

Cinco Dodge Challenger R/T 1970 blancos se usaron en producción. Cuatro sobrevivieron al rodaje; uno se desintegró contra los bulldozers reales en la toma final. Los cuatro restantes pasaron a manos privadas entre 1971 y 1975. Solo dos están documentados hoy con provenance verificable. La unidad subastada por Mecum en Indianápolis en mayo de 2022 con documentación de Cinema Vehicle Services y certificado de doble de la producción cerró en 487.000 dólares. Un Challenger R/T 1970 440 6-Pak blanco sin provenance Vanishing Point oscila en mercado entre 80.000 y 160.000 euros: la marca cinematográfica multiplica por tres el valor base.

French Connection (1971) — Popeye Doyle bajo el metro elevado

Brooklyn, octubre de 1971. William Friedkin rueda para 20th Century Fox la persecución más arriesgada del cine americano: Gene Hackman al volante de un Pontiac LeMans 1971 marrón, persiguiendo un metro elevado de la línea Stillwell Avenue por debajo de las vigas de acero del viaducto. Sin permisos de la New York Transit Authority. Sin cortes de tráfico. Friedkin colocó la cámara en el morro del LeMans y dejó que Hackman condujera a 110 kilómetros por hora durante veintiséis minutos de rodaje por debajo de la línea de metro en funcionamiento. La idea era de Philip D’Antoni, productor que ya había hecho Bullitt y que pensaba que la persecución por debajo del elevado de Brooklyn debía superar a la de las colinas de San Francisco.

Cinco accidentes de circulación reales se contabilizaron durante el rodaje, todos ellos atribuidos por error a la producción; cuatro fueron incidentes externos no relacionados con el equipo. El quinto fue real: una furgoneta de reparto que cruzó la avenida sin saber que se estaba rodando, esquivada en el último segundo por el LeMans de Hackman. Friedkin guardó la toma. Está en la película. El Pontiac LeMans 1971 marrón usado en el plano principal fue subastado por Bonhams en 2018 en Greenwich, Connecticut, por 110.000 dólares. El Lincoln Continental Mark IV del villano francés Alain Charnier, conducido por el doble Bill Hickman (el mismo del Charger de Bullitt), fue desguazado en 1974.

The Driver (1978) — el conductor sin nombre

Ryan O’Neal. Bruce Dern. Isabelle Adjani. Walter Hill dirige para 20th Century Fox con un guion despojado: los personajes no tienen nombre. El protagonista es “the driver”. El antagonista, “the detective”. La actriz francesa, “the player”. El conductor maneja Pontiac Firebird Trans Am 1978 negros, Chevrolet Caprice y un Cadillac Sedan deVille blanco en la persecución por el aparcamiento subterráneo del centro de Los Ángeles. La conducción es lenguaje. El diálogo, mínimo. La crítica americana la ignoró en 1978; la europea, especialmente la francesa, la convirtió en referencia.

Nicolas Winding Refn ha citado The Driver como influencia directa de Drive (2011) con Ryan Gosling. Edgar Wright, en su Baby Driver (2017), reconstruyó la secuencia del garaje de Hill plano por plano. Quentin Tarantino la cita como una de sus cinco películas favoritas. El Pontiac Firebird Trans Am 1978 negro de la película era una unidad estándar de catálogo, prestada por Pontiac sin modificaciones cinematográficas; tras el rodaje volvió al concesionario de Burbank y se vendió a un cliente civil. Su rastro se pierde en 1983. Un Firebird Trans Am 1978 con motor 6.6 Litre Pontiac V8 y librea Special Edition negra se vende hoy entre 35.000 y 60.000 euros: la prima por procedencia Driver, si pudiera demostrarse, multiplicaría esa cifra por cuatro.

El cierre

El cine de los 60-70 entendió que el coche era un personaje. Tras Bullitt, ningún policial pudo ignorar el motor. Tras Le Mans, ningún coleccionista pudo ignorar el Gulf naranja-azul. Tras Vanishing Point, el Challenger 440 dejó de ser un muscle car cualquiera y pasó a ser el coche del individualismo americano. Tras The Italian Job, el Mini británico ya no era utilitario: era ironía cinematográfica. Hoy las películas con coches son CGI. Los originales, los chasis físicos, las pinturas Highland Green, Gulf Orange, Plymouth White, las taquillas que entraron en mil cines de barrio en mil ciudades distintas durante el invierno de 1968, son lo único que sobrevive de aquellos años. Los chasis están donde estuvieron sus dueños: en garajes de Tennessee, en museos europeos, en subastas de Florida en enero. Cuando se enciende el motor de uno de ellos en una concentración, lo que vuelve no es el coche. Es la película.