El coche que perdió dos veces: en producción y delante de un juez
John DeLorean prometió a Irlanda del Norte 2.000 puestos de trabajo y a Estados Unidos el primer deportivo de acero inoxidable. Lo despidieron, lo arrestaron por tráfico de cocaína y solo lo salvó la entrada en escena de Marty McFly tres años después de su quiebra.

John DeLorean salió de General Motors en abril de 1973 con 49 años, un Cadillac Eldorado, tres divorcios prometidos y la convicción de que Detroit estaba podrida. Su plan era simple: fundar su propio fabricante, hacer un coche ético, seguro, no contaminante, hermoso. Lo llamaría DeLorean Motor Company. Lo financiaría con socios famosos —entre ellos Sammy Davis Jr., Johnny Carson y el empresario Frank Sinatra Jr.— y construiría la fábrica en el lugar que más subvenciones le ofreciera. El gobierno laborista de James Callaghan, a través de Roy Mason —Secretario de Estado para Irlanda del Norte— le ofreció un paquete combinado de subvenciones y préstamos por unos 100 millones de libras del erario público británico si la fábrica iba a Belfast, en pleno conflicto. El acuerdo se anunció el 3 de agosto de 1978. La decisión la había tomado DeLorean unas semanas antes, en una negociación corta con Mason.
El coche lo había encargado a Giorgetto Giugiaro en 1976. Giugiaro le entregó un boceto inspirado en el Maserati Boomerang de 1972, con líneas tensas, parabrisas envolvente y puertas tipo ala de gaviota como las del Mercedes 300 SL. El chasis lo desarrolló Colin Chapman en Lotus, usando una estructura de aluminio extruido con paneles plásticos —tecnología patentada por Lotus para el Esprit—. El motor, un V6 PRV de 2.8 litros (peugeot-renault-volvo), daba 132 caballos en su versión homologada para Estados Unidos. Era poco. El coche pesaba 1.290 kilos. El 0 a 100 quedaba en 10,5 segundos: igual que un Volkswagen Scirocco GTI. Para un deportivo de 25.000 dólares (precio de catálogo americano en 1981), era decepcionante.
La fábrica de Belfast abrió en enero de 1981. DeLorean había prometido 2.000 puestos de trabajo. Cumplió: 2.600 obreros, la mayoría católicos y protestantes mezclados en la misma cadena, en una de las pocas iniciativas industriales que cruzó la línea sectaria durante los Troubles. La producción objetivo era de 30.000 unidades al año. La real, en 1981, fue de 6.500. En 1982 cayó a 2.500. Para entonces DeLorean había gastado los 100 millones de libras británicos, había recibido un préstamo adicional de 40 millones y empezaba a comprar repuestos al fiado. Margaret Thatcher, en una nota interna del 7 de octubre de 1981 ya desclasificada, escribió: “Este hombre se ha gastado nuestro dinero. Detenedlo”.
El 19 de octubre de 1982, en la habitación 501 del Sheraton Plaza de Los Ángeles, la DEA grabó a John DeLorean negociando la compra de 220 kilos de cocaína colombiana por valor estimado de 24 millones de dólares. La operación había sido orquestada por un informante del FBI, James Hoffman, antiguo vecino de DeLorean en California. La cinta dio la vuelta al mundo. DeLorean fue arrestado en el aeropuerto. La empresa quebró ese mismo mes. Belfast cerró el 31 de octubre. Los 2.600 obreros perdieron su empleo. El proceso judicial duró 18 meses. El abogado Howard Weitzman demostró que el agente había forzado a DeLorean prometiendo “salvar la fábrica de Irlanda” y construyó una defensa por entrampamiento (entrapment) impecable. Jurado popular, agosto de 1984: no culpable. DeLorean salió libre. Su empresa, no.
Lo que casi nadie recuerda es que el rescate del DMC-12 vino de un lugar inesperado. En febrero de 1984, un guionista de Universal llamado Bob Gale leyó en un diario viejo la frase “tu padre estaba loco en el instituto”. Se le ocurrió una película de viajes en el tiempo. Necesitaba un vehículo. Robert Zemeckis, el director, había considerado un frigorífico. Pensó en el DeLorean por pura coincidencia: era el coche más raro y barato que encontraron en el desguace. Back to the Future se estrenó el 3 de julio de 1985. Recaudó 388 millones de dólares. El DMC-12 pasó de ser símbolo del fracaso industrial a icono cultural en seis semanas.
Hoy se conservan unos 6.500 DeLorean en circulación. Stephen Wynne, un mecánico británico que abrió un taller en Houston en 1995, compró el inventario completo de repuestos originales por 1,5 millones de dólares en una subasta concursal de Liverpool. Su empresa, DeLorean Motor Company (Texas), ha mantenido vivo el coche treinta años. John DeLorean murió en Nueva Jersey el 19 de marzo de 2005. En el funeral asistieron 28 personas. Una de ellas, según el New York Times, llegó conduciendo un DMC-12 plateado. Bajó del coche y se quedó en el aparcamiento sin entrar a la capilla. Era un obrero de Belfast que había viajado dos días para devolver una llave de tuercas que dijo haberse llevado por error en 1982. No quiso dar su nombre. Solo dijo: “Le debíamos esto”.
El coche tenía que ser un símbolo. Acabó siendo dos: del fracaso primero, de la nostalgia después.— Giorgetto Giugiaro, entrevista a Quattroruote, 2010
El 19 de octubre de 1982, el FBI grabó en vídeo a John DeLorean en una habitación del hotel Sheraton de Los Ángeles abriendo una maleta con 24 kilos de cocaína. La cinta circuló por todas las cadenas. DeLorean repitió en la cinta una frase que sus abogados luego usaron como base de la defensa por entrampamiento: 'Esto es mejor que el oro'. Howard Weitzman, su abogado, demostró en el juicio de 1984 que el agente del FBI le había prometido salvar la fábrica de Belfast. DeLorean fue absuelto. La empresa ya llevaba diez meses quebrada.
Lo que costaba salir de fábrica en 1981 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Premio Motor Trend Car of the Year 1981 nominado, no ganador. Aparición en la portada de Time el 18 de octubre de 1982, dos días antes del arresto: 'DeLorean's Dream Machine'.
Back to the Future (1985, 1989, 1990) con Michael J. Fox. La trilogía revalorizó el coche y triplicó su precio de mercado. En 2025, 200.000 personas conducen un DeLorean en el mundo según el club oficial.
Ficha técnica completa
El acero inoxidable de la carrocería no se podía pintar. Si se rayaba, no se podía repintar: había que pulir el panel con un raspador especial. DeLorean ofreció el coche solo en color 'plata cepillada' precisamente porque cualquier otro acabado habría sido imposible de mantener.
Hillel Levin, Grand Delusions: The Cosmic Career of John DeLorean (1983); DMC archives
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