El coche que enseñó a la clase alta americana a celebrar la fortuna en voz alta
Cuando Cadillac lanzó el Eldorado en 1953, costaba 7.750 dólares: el doble que una casa nueva en Levittown. Lo compraron Elvis Presley, John F. Kennedy y Marilyn Monroe el mismo año. Era el coche para anunciar al mundo que se había llegado.

El nombre vino de un concurso interno entre empleadas de la oficina de Cadillac en Detroit, en otoño de 1952. Ganó Mary-Ann Marini, secretaria del departamento de ventas, con una palabra que sacó de un libro de geografía: Eldorado, la ciudad mítica de oro que los conquistadores españoles persiguieron por la selva del Orinoco. Mary-Ann recibió 25 dólares y un reloj. El coche que bautizó costaba 7.750 dólares, el equivalente a dos casas en los suburbios y un Ford F-100 entero. Cadillac fabricó 532 unidades el primer año. Las compraron, entre otros, Eisenhower (que entonces era presidente electo), Marilyn Monroe y un joven cantante de Memphis que apenas estaba empezando a grabar para Sun Records.
Harley Earl, vicepresidente de diseño de GM desde 1937, había visto un avión Lockheed P-38 Lightning en la base de Selfridge en 1948 y había vuelto a Detroit con una idea fija. Los aviones tenían colas dobles, deltas, aletas. Los coches debían tenerlas también. Las primeras aletas modestas aparecieron en el Cadillac Series 62 de 1948. En 1957 ya medían 30 centímetros. En 1959, el Eldorado Biarritz alcanzó las aletas más altas jamás producidas en un coche de calle: 42 centímetros desde el parachoques hasta la punta, rematadas con dos pilotos de freno en forma de cohete. Bill Mitchell, que sucedió a Earl en 1958, las llamó en privado “un crimen contra la geometría”. Las mantuvo en producción tres años más porque vendían.
Lo del Eldorado rosa de Elvis sigue siendo, sesenta años después, el episodio más documentado del coche. En julio de 1955, con la madre Gladys cumpliendo 43 años, Elvis llegó a un concesionario Cadillac de Memphis con un fajo de billetes y pidió “el más bonito que tengáis”. El que más le gustó era azul. Pidió que lo pintaran de rosa. El concesionario le explicó que ese color no existía en catálogo. Elvis pagó por adelantado los 4.000 dólares y dijo que esperaba. Tres semanas después el Eldorado salió del taller con el rosa que hoy llaman, en catálogos de restauración, “Elvis Pink”. Gladys nunca aprendió a conducir. El coche fue prácticamente un mueble en la entrada de Graceland hasta su muerte en 1958.
La generación de 1967 cambió la mecánica del coche para siempre. Por primera vez un Eldorado era de tracción delantera, con el V8 montado longitudinalmente y una caja Turbo-Hydramatic adaptada de Oldsmobile Toronado. Bill Mitchell diseñó la carrocería: líneas tensas, faros ocultos, ningún cromado innecesario por primera vez en una década. Pesaba 2.150 kilos y daba 340 caballos. Costaba 6.277 dólares. Lo compraron Elvis (otra vez), Frank Sinatra y el comediante Bob Hope, que tenía nueve. Roy Orbison compuso “Pretty Woman” sentado al volante de uno en Las Vegas.
En 1970 Cadillac fabricó el Eldorado con el V8 más grande nunca instalado en un coche de calle americano: 8,2 litros (500 pulgadas cúbicas) y 400 caballos. Consumía 25 litros a los 100 kilómetros. Eran los últimos años antes de la crisis del petróleo de 1973, que iba a tumbar el modelo entero de coche americano para siempre. El Eldorado de 1975 ya tenía catalizador y solo daba 190 caballos del mismo motor. En 1979 GM redujo el tamaño del coche en 30 centímetros y bajó la potencia a 170 caballos. La fiesta se había acabado.
Entre 1953 y 1979, Cadillac fabricó más de un millón cien mil Eldorados. Doscientos sesenta y siete acabaron en garajes de presidentes, estrellas de cine, futbolistas, gánsteres y campeones de boxeo. El Eldorado nunca fue el coche más rápido ni el más sofisticado. Fue, durante un cuarto de siglo, el certificado físico de que se había llegado. Cuando Bruce Springsteen cantó “Honey I love you / But I got to be a man / In a pink Cadillac”, no necesitaba explicar nada. Todo el mundo entendía el coche. Y, sobre todo, entendía la frase entera.
Un Cadillac es un acto de gratitud hacia uno mismo.— Harley Earl, vicepresidente de diseño de General Motors, 1956
Elvis Presley regaló un Cadillac Eldorado rosa de 1955 a su madre Gladys el día que esta cumplió 43 años. Gladys no sabía conducir y nunca aprendió. El coche pasó nueve años aparcado en la entrada de Graceland, sin moverse, hasta que Elvis lo donó al museo del RCA. Le costó 4.000 dólares; hoy se exhibe en el Country Music Hall of Fame de Nashville.
Lo que costaba salir de fábrica en 1953 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Coche presidencial de Eisenhower, Kennedy y Johnson en variante Fleetwood. El Eldorado Brougham de 1957 (precio 13.074 dólares) fue el coche americano más caro del mercado durante una década.
Pink Cadillac de Bruce Springsteen, Cadillac Records de Chuck Berry, Thelma & Louise, Pulp Fiction. Más de 5.000 menciones documentadas en canciones de blues y rock.
Ficha técnica completa
Harley Earl inventó las aletas traseras del Eldorado mirando un caza P-38 Lightning durante una visita a la base aérea de Selfridge en 1948. Las aletas no servían para nada aerodinámico. Pasaron a definir el lenguaje visual del lujo americano durante veinte años.
GM Heritage Center; David Halberstam, The Fifties
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