El coche que sobrevivió a su país
Tenía un motor de dos tiempos que dejaba una estela azul detrás. La carrocería era de Duroplast: algodón prensado con resina fenólica. Costaba 7.000 marcos del Este y la espera para comprarlo podía durar trece años. Cuando cayó el Muro en 1989, había 2,7 millones rodando.

En la primera mañana del 10 de noviembre de 1989, el paso fronterizo de Bornholmer Straße en Berlín dejó pasar a los primeros Trabant rumbo al Oeste. La cola medía tres kilómetros y el ruido era el de centenares de motores de dos tiempos sonando a la vez: un zumbido agudo que dejaba en el aire una estela azulada de aceite quemado. Los noticiarios occidentales lo retransmitieron en directo. El coche había sido construido en Zwickau, Sajonia, en una planta que antes de la guerra había hecho Horch y Audi, marcas que el régimen nacionalsocialista había agrupado en Auto Union. En 1945 las dos plantas pasaron a manos soviéticas y luego a la VEB Sachsenring. Lo que salió de allí, a partir de 1958, fue otro mundo.
El 601 entró en producción en 1964. Llevaba un motor bicilíndrico de dos tiempos de 595 cc y 26 caballos. La carrocería estaba hecha de Duroplast, un material desarrollado en los años cincuenta a partir de algodón importado de las repúblicas soviéticas y resina fenólica polaca. Pesaba poco, era resistente al óxido y no se podía reciclar. La paleta de colores oficial constaba de cuatro tonos: blanco papiro, verde claro, beige y azul Atlántico. Encargar un coche distinto al asignado por el comité distrital del Partido era impensable. La lista de espera, fijada por el Ministerio de Industria, llegó a alcanzar trece años a comienzos de los ochenta.
Werner Lang firmó el diseño exterior. Era un ingeniero formado en la antigua Auto Union de antes de la guerra que se había quedado en el Este por motivos familiares. La carrocería del 601 cambió muy poco entre 1964 y 1991: un retoque en los pilotos en 1969, una nueva tapicería en 1981, faros redondos en lugar de cuadrados en 1985. Werner Lang murió en 1999 sin haber visto una versión renovada del coche que diseñó.
Lo que casi nadie cuenta es que el último Trabant fabricado, número 2.818.547, salió de la línea de montaje el 30 de abril de 1991 con un motor de cuatro tiempos Volkswagen Polo bajo el capó. Lo llamaron 1.1 y se vendieron 39.475 unidades antes de que se cerrara la fábrica. La gente del Este había dejado de querer Trabants. La gente del Oeste todavía no había empezado.
Hoy, en cualquier feria de clásicos del centro de Europa, hay un puesto de Trabant. Los precios oscilan entre 1.500 y 8.000 euros según versión. Tres clubes alemanes mantienen vivas las piezas de repuesto. El Duroplast, cosa rara, sigue sin ser reciclable.
Un coche que se compraba esperando a que naciera el siguiente hijo.— Hans-Joachim Maaz, Der Gefühlsstau, 1990
En noviembre de 1989, miles de Trabant atravesaron los pasos fronterizos entre la RDA y la RFA con sus dueños buscando familia o asilo. Los alemanes occidentales los recibían con plátanos —fruta tropical que escaseaba en el Este— y con aplausos. En los meses siguientes muchos de esos coches se abandonaron en las cunetas de las autopistas de Baviera, porque los nuevos repuestos no se conseguían y porque la gasolina sin plomo no funcionaba con el motor de dos tiempos. Los abandonos generaron un problema medioambiental que ocupó portadas durante todo 1990: el Duroplast no se podía reciclar.
Lo que costaba salir de fábrica en 1964 y lo que vale hoy una unidad restaurada.
Rally de Monte Carlo 1992: el equipo Trabant 601 alcanzó la meta con un tiempo de 41 horas en categoría histórica. Tres unidades modificadas terminaron la prueba.
Ficha técnica completa
El Duroplast se fabricaba con residuos de algodón soviético y resina fenólica importada de Polonia. Los rumores de los años setenta decían que los cerdos se comían las carrocerías abandonadas. La leyenda urbana fue tan persistente que un grupo de zoólogos de Leipzig hizo un experimento en 1985: ofrecieron Duroplast a cerdos durante un mes. No lo tocaron.
VEB Sachsenring Archiv; Werner Oswald, Deutsche Autos 1945-1990; Eberhard Kittler, DDR-Automobil-Klassiker
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