Diario · junio de 2026
Cannonball Run: 1971-1983, la apuesta ilegal que cruzó América
Cómo un editor de Car and Driver convirtió la protesta contra el límite de 55 mph en la última carrera real de coches de calle por las carreteras de Estados Unidos
por Cuarta
Manhattan, Nueva York, viernes 23 de abril de 1971, poco antes de medianoche. Brock Yates, editor ejecutivo de la revista Car and Driver, sale por la rampa del Red Ball Garage de la calle 31 Este con su mujer Pam, su hijo Brock Jr. de catorce años y dos compañeros del oficio. El vehículo es un Dodge Custom Sportsman van de techo alto, color blanco crudo, pintado a mano con un logo en el lateral que dice “Cannonball Baker Sea-To-Shining-Sea Memorial Trophy Dash”. El depósito está lleno, una nevera con bocadillos de pavo va atornillada al suelo, y en la guantera duerme una tarjeta marcada con la fecha y la hora exacta de salida sellada por el conserje del aparcamiento. El destino: Portofino Inn, un hotel sobre el muelle King Harbor de Redondo Beach, California, a 4.728 kilómetros por las autopistas de Estados Unidos. La apuesta: ninguna. El premio: ninguno. El motivo: protestar contra la National Maximum Speed Law de 1974 —en realidad, contra el límite federal de 55 mph anunciado ya en 1973 dentro del Emergency Highway Energy Conservation Act, pero cuya cultura empezaba a respirarse antes—, contra el Highway Safety Act de 1966, y contra la idea de Yates de que las leyes federales habían convertido a la nación que inventó la Ruta 66 en un país de tortugas con cinturón.
Yates llegó al Portofino Inn cuarenta horas y cincuenta y un minutos después. Media: 116 kilómetros por hora. No le esperaba nadie. Llamó por teléfono a Pam Yates a la cabina del hotel, le contó el tiempo, y entró al bar a tomarse un bourbon doble con hielo. Cuando publicó la crónica en Car and Driver, el número agotó tirada por primera vez en cinco años. Y la idea —cruzar América en coche de calle lo más rápido posible, contra el reloj, sin reglas, sin permiso— se convirtió en una de las apuestas más duraderas y más imitadas del siglo XX automovilístico.
1971 — Cannonball Baker Sea-To-Shining-Sea Memorial Trophy Dash
El nombre era un homenaje. Erwin George “Cannonball” Baker había sido el primer hombre en cruzar Estados Unidos en moto —una Indian V-Twin— en 1914, después en coche, después en camión Cummins Diesel. En 1933 cruzó USA en un Graham-Paige modelo 57 en cincuenta y tres horas y media. Baker murió en 1960. Yates, que de niño leía sus crónicas en la revista Mechanix Illustrated, decidió bautizar la primera edición con su nombre.
Aquella primera edición de 1971 tuvo cinco vehículos inscritos. Yates ganó con el van Dodge. El segundo —un Cadillac Eldorado— llegó once horas más tarde. Algunos coches se rompieron por el camino y abandonaron en Oklahoma. La policía estatal de Pensilvania paró a un participante por exceso de velocidad cerca de Harrisburg y el conductor le dijo, con sinceridad, que iba a una carrera; el agente le multó, le devolvió los papeles y le deseó suerte.
1972 — once vehículos, primer titular nacional
Yates repitió en noviembre de 1972 con once participantes. Steve Behr, un piloto amateur de la Sports Car Club of America, salió desde el Red Ball Garage con un Cadillac Coupé DeVille verde oliva del año, equipado con depósito auxiliar de gasolina escondido bajo el maletero —veinte galones extra para ampliar autonomía sin parar a repostar—. Behr llegó al Portofino en treinta y siete horas y dieciséis minutos. Tiempo nuevo. Récord del año. La crónica de Yates fue portada de Car and Driver en febrero de 1973, recogida por United Press International y reproducida por más de doscientos periódicos. El Cannonball pasó de broma de redacción a titular nacional en seis semanas.
1975 — la edición legendaria
La edición de 1975 es la que la cultura del motor recuerda. Yates se asoció con Dan Gurney —ex piloto de Fórmula 1, ganador de Le Mans 1967 con A.J. Foyt al volante de un Ford Mk IV— para participar con un Ferrari 365 GTB/4 Daytona Coupé rojo Rosso Chiaro prestado por Kirk F. White, concesionario Ferrari en Filadelfia. El coche, chasis 15225, llevaba pinturas adicionales en los laterales con el dorsal “26” y matrícula de Pensilvania. Gurney pilotó por la noche, Yates por el día. Cruzaron Estados Unidos en treinta y cinco horas y cincuenta y tres minutos. Media: 130 kilómetros por hora. Velocidad punta alcanzada en una recta de Texas occidental al este de El Paso: 280 km/h —175 mph—, según anotación manual de Gurney en el cuaderno de viaje. El récord aguantó cuatro años.
Detrás del Daytona corrían otros catorce equipos. Uno de ellos, el llamado Polish Racing Drivers of America, salió con un Cadillac Eldorado pintado entero de blanco con luces rojas en el techo y crucifijos en las ventanillas: lo habían disfrazado de ambulancia, con un participante tumbado en una camilla detrás haciéndose pasar por paciente, suero y todo. La estrategia: si la policía estatal les paraba, decían que llevaban un herido grave hacia un hospital de la costa Oeste. Funcionó dos veces. La tercera, en Nuevo México, un sheriff con sospecha les abrió la puerta de atrás, vio al “paciente” comiendo un sándwich y les puso una multa que pagaron en metálico.
Otros equipos memorables: un Mercedes-Benz 300 SEL 6.3 con tres ingenieros alemanes; un AMC Matador equipado con escáner de radar y CB de banda ciudadana; un Chevrolet Sportvan con seis comediantes neoyorquinos que abandonaron en Memphis por falta de motivación; y un Travco motorhome que llegó dieciséis horas tarde y entregó una bandeja de queso.
1979 — la última oficial
La cuarta edición y última con cronometraje formal salió de Nueva York el 1 de abril de 1979. Dave Heinz y Dave Yarborough corrieron con un Jaguar XJS V12 verde oscuro recién matriculado en Florida. El XJS de calle de 1979 daba 244 caballos y velocidad punta de 240 km/h. Heinz y Yarborough lo dejaron de origen salvo por dos depósitos auxiliares de 100 litros en el maletero. Tiempo final: treinta y dos horas y cincuenta y un minutos. Récord absoluto Cannonball oficial. Aguantaría veintisiete años.
Ese mismo verano de 1979 se estrenó “The Cannonball” de Paul Bartel, una versión libre. Pero el éxito vino dos años después, en 1981, con “The Cannonball Run” dirigida por Hal Needham —el mismo de Smokey and the Bandit—, basada explícitamente en las crónicas de Yates y producida por Golden Harvest. Burt Reynolds conducía en pantalla un Lamborghini Countach LP400 de color rojo que la productora alquiló a Lamborghini USA con la condición de que ninguna escena lo dañase. El reparto incluyó a Roger Moore con un Aston Martin DB5, Jackie Chan con un Subaru GL prototipo Mitsubishi camuflado, Farrah Fawcett, Dean Martin y Sammy Davis Jr. con un Ferrari 308 GTS disfrazado de cura. Presupuesto: 18 millones de dólares. Taquilla mundial: 75 millones. Yates firmó el guion y aparece como cameo conduciendo el van Dodge de 1971 en una escena de fondo.
1981-1983 — la edición que no fue
Yates organizó una quinta edición para 1981, después rebautizada US Express, y una sexta semioficial para 1983. La presión policial federal era ya enorme: el FBI había abierto expediente, las patrullas estatales de Ohio, Indiana y Misuri preparaban operativos coordinados para identificar y detener participantes, y Car and Driver retiró el patrocinio editorial. Yates anunció en agosto de 1983 el final del Cannonball oficial. “Hemos demostrado lo que queríamos demostrar”, escribió en su columna. “Y hemos vivido para contarlo, lo cual es más de lo que el Departamento de Transporte esperaba”.
Las réplicas modernas
El récord oficial de 1979 cayó por primera vez en octubre de 2006. Alex Roy, un coleccionista neoyorquino hijo del fundador de Europe by Car, atravesó EEUU con un BMW M5 E60 berlina equipado con visores de visión nocturna militares Generation 3, detector de radar Valentine 1, jammer de láser activo Laser Pro Park, y un sistema de comunicación con tres motos exploradoras desplegadas por delante del coche en los puntos más sensibles del recorrido. Tiempo: 31 horas y 4 minutos. Nunca homologado oficialmente porque no existía organización oficial. La hazaña inspiró su libro “The Driver” en 2007.
En abril de 2020, durante el confinamiento por COVID-19 en Estados Unidos, las carreteras quedaron desiertas durante seis semanas. Aprovechando la ventana, Arne Toman, Doug Tabbutt y Berkeley Chadwick atravesaron América en un Audi A8 modificado con depósitos extra, marcando supuestamente 25 horas y 39 minutos. La marca circula por redes sociales y no está auditada por nadie con autoridad. La propia comunidad Cannonball la considera “no documentada”.
Tesis Cuarta
El Cannonball Run no fue una carrera deportiva. Fue tres cosas a la vez: protesta política contra una ley federal que Yates consideraba inútil; experimento sociológico sobre la capacidad de un grupo de civiles de coordinarse sin reglas; y producción cultural que generó cuatro películas, una franquicia de videojuego y un género entero de relato motorizado. La consecuencia material para el coleccionismo es clara y verificada: cada coche con participación documentada en una de las cuatro ediciones oficiales 1971, 1972, 1975 y 1979 multiplica su valor de mercado entre tres y siete veces respecto a una unidad equivalente sin esa procedencia. El Ferrari Daytona de Gurney y Yates —chasis 15225— se subastó en RM Sotheby’s Monterey en agosto de 2019 por 2.535.000 dólares contra los 700.000 que en ese momento marcaba un Daytona berlinetta estándar. El Jaguar XJS de Heinz y Yarborough fue restaurado por Classic Motor Cars de Bridgnorth en 2017 y figura en colección privada inglesa valorado en 380.000 libras. El Cadillac Coupé DeVille de Behr se exhibe en el Petersen Automotive Museum de Los Ángeles desde 2014. La pegatina Cannonball es la única patente de corso que el mercado americano admite sin discusión: certifica que el coche existió en una página real de la historia, y que esa página la firmó un editor cabreado con el límite de 55 mph.