Cuarta

Diario · junio de 2026

Top Gear, Botswana 2007: tres coches por mil quinientas libras y el Kalahari delante

Cómo un Mercedes 230E con 200.000 millas marcó el precio del W123 en el mercado británico durante quince años

por Cuarta

Maun, Botswana, agosto de 2007. Jeremy Clarkson, con una camisa hawaiana sin lavar y un sombrero de paja comprado a la entrada del aparcamiento, abre la puerta del conductor de un Mercedes-Benz 230E W123 de 1985 color marfil. El coche es del primer dueño, un médico jubilado de Gaborone, y lleva en el cuentakilómetros 200.000 millas. Lo ha comprado en el sitio por 1.500 libras, transferidas la noche anterior a una cuenta de un banco sudafricano. A su izquierda, Richard Hammond conduce un Opel Kadett D 1981 con el techo a medio caer y la cabeza por la ventanilla porque el tapizado interior huele a gasolina vieja. A su derecha, James May acaba de cambiar el Lancia Beta Coupé HPE original del plan —que se desintegró en la primera maniobra— por un Volvo 245 Estate verde con la baca rota y una nevera Engel atornillada al suelo del maletero.

El plan: atravesar Botswana de oeste a este. Salir de Maun, cruzar el delta del Okavango por la pista del bosque seco, atravesar el desierto de sal del Makgadikgadi, llegar a Francistown. Mil seiscientos kilómetros sin asfalto. Sin asistencia mecánica más allá de las herramientas que los presentadores llevan en el portaequipajes. Sin aire acondicionado en ninguno de los tres coches. La temperatura media en cabina, medida con un termómetro digital pegado al espejo retrovisor del Mercedes, alcanza los 51 grados centígrados en la tercera jornada.

El primer kilómetro ya marca el tono. El Lancia de May, comprado en lugar previsto, no arranca en Maun: el carburador Weber doble cuerpo está sellado por un nido de termitas. Andy Wilman, productor del programa, autoriza la sustitución por un coche del mismo precio elegido sobre la marcha. May elige el Volvo 245 estate por consejo del mecánico del taller. Hammond, mientras tanto, pierde el techo del Opel en la salida del aparcamiento al tomar mal una rotonda. El Mercedes de Clarkson arranca a la primera y mantiene una temperatura de aceite de 92 grados, exactamente en el centro del rango original de la centralita.

El cruce del Kalahari ocupa los días tres a seis del rodaje. El equipo encuentra un cementerio de coches abandonados —el más antiguo, un Fiat 500 R verde, lleva matriculado el código de Lobatse desde 1971— en un altiplano salino sin sombra. Allí se rueda la escena en la que May, con un destornillador, intenta extraer un alternador de un Ford Cortina caído de morro. El Opel se quema esa noche, sin explicación clara: Hammond había estacionado a quince metros de una hoguera de matorrales. El coche aparece a la mañana siguiente como un esqueleto de chapa retorcida. Los tres presentadores discuten si el incendio fue accidental o sabotaje del equipo de producción para mejorar el guion. La pregunta nunca tuvo respuesta pública.

El Volvo pierde una rueda trasera el día cinco —el tambor del freno se desprende con buje y todo— y otra delantera el día seis. Termina llegando a Francistown sobre tres ruedas y un eje de madera reforzado con cinta gris. El Mercedes 230E no pierde nada. Llega entero, con la mecánica intacta, con el motor M102 de cuatro cilindros funcionando con la suavidad de un coche con setenta mil kilómetros. La escena final del especial, con Clarkson sentado en el capó del W123 mirando el atardecer y diciendo que es “probablemente el mejor coche que jamás haya conducido”, se grabó en una sola toma.

El episodio se emitió el 9 de diciembre de 2007, en horario de prime time británico. Audiencia BBC Two: 8,4 millones de espectadores, récord absoluto del programa hasta entonces. La repetición en BBC iPlayer durante las dos semanas siguientes acumuló otros 3,1 millones de visualizaciones. La pieza, subida más tarde al canal oficial de Top Gear en YouTube, lleva acumuladas en 2026 más de 170 millones de visualizaciones globales.

El efecto sobre el mercado fue inmediato. En enero de 2008, los anuncios de Mercedes W123 en Auto Trader UK subieron de media un 28% en precio pedido. Para la variante 230E concretamente —la del coche del programa— la subida fue del 41% en seis meses. La revista Practical Classics, en su número de marzo de 2008, titulaba en portada “the Botswana Mercedes” sobre una unidad blanca idéntica a la de Clarkson. En el mercado español el efecto fue más diferido: hasta 2011 el W123 230E coupé en estado correcto se podía encontrar por 6.000-9.000 euros. Hoy, ese mismo coche, ronda los 18.000 a 30.000 euros en concesionarios especializados, y los W123 de carrocería berlina con historia documentada superan los 35.000 euros.

El Mercedes 230E del especial Botswana —matrícula original BWP 4471, hoy reimportada con matrícula británica clásica— pasó por varias manos tras el rodaje. La BBC lo regaló en 2008 a una ONG médica de Botswana, que lo usó como vehículo de visita rural hasta 2013. Un coleccionista británico, Patrick Holroyd, lo compró ese año por 12.000 libras, lo restauró parcialmente en Sussex y lo subastó en Silverstone Auctions en 2019 por 49.500 libras. El comprador, anónimo, lo mantiene guardado en un garaje cerca de Brighton.

El Opel Kadett quemado quedó abandonado en el desierto. El Volvo 245 lo donó May a un colegio rural de Francistown, donde fue desmantelado en 2010 para piezas. Solo el Mercedes sobrevivió completo. Y eso, en cierto modo, era exactamente lo que el episodio había venido a demostrar.