Cuarta

Glosario · mecánica

Inyección directa

También: GDI · direct injection

Sistema que inyecta el combustible directamente en la cámara de combustión, no en el colector.

En un motor con inyección indirecta —la habitual desde los años 80— el combustible se pulveriza en el colector de admisión, antes de que la mezcla entre por la válvula. En la inyección directa el inyector pasa la cámara: la gasolina entra ya dentro del cilindro, durante el tiempo de compresión.

La idea no es nueva. Mercedes-Benz montó inyección directa de gasolina en el 300 SL Gullwing de 1954 —Bosch mecánica, una joya— y los motores diésel la usan desde su origen. Pero la inyección directa de gasolina moderna, la GDI (Gasoline Direct Injection) de los 2000, llegó con Mitsubishi en 1996 y se generalizó con el TFSI de Audi y el SkyActiv-G de Mazda.

Las ventajas son dos. Primero, control térmico: al inyectar dentro del cilindro, la gasolina absorbe calor al evaporarse y enfría la mezcla, lo que permite subir la relación de compresión sin detonación. Segundo, dosificación: el inyector puede pulsar varias veces por ciclo, ajustando la entrega al milisegundo.

El problema histórico de la GDI ha sido la carbonilla en las válvulas de admisión. Como la gasolina ya no las lava al pasar, los gases del cárter dejan depósitos sólidos que con el tiempo estrangulan los conductos. Los fabricantes lo resuelven con doble inyección (directa + indirecta) en los motores premium contemporáneos.

En coches clásicos modernos —digamos un Audi RS4 B7 V8 FSI— es ya un detalle a vigilar en restauración: hay que descarbonizar las admisiones cada 80.000 km.