Diario · junio de 2026
Top Gear, sur profundo de Estados Unidos 2007: el especial que casi terminó a tiros
Tres coches americanos por mil dólares, mensajes provocativos pintados a brocha y un bar de Alabama
por Cuarta
Miami, Florida, mayo de 2007. Tres ingleses bajan de un vuelo American Airlines procedente de Heathrow con una mochila por persona y dos mil dólares en efectivo cada uno. La tarea: comprar un coche americano por mil dólares, gastar los otros mil en gasolina y comida durante una travesía de dos mil kilómetros por Alabama, Mississippi y Louisiana, y llegar a Nueva Orleans antes del cierre del festival local de jazz. Tienen seis días.
Jeremy Clarkson aparcó en el hotel a las dos horas con un Cadillac Coupe DeVille de 1989, color marfil sobre vinilo marrón, con asientos de ante y techo vinílico medio despegado. Lo había encontrado en un anuncio del Miami Herald y lo había recogido en un concesionario de segunda mano de Hialeah por 994 dólares. James May tardó más: volvió con un Chevrolet Camaro RS de 1990, color rojo, motor V6 3.1 litros, transmisión automática, tapizado a juego con manchas de café. Pagó 980 dólares. Richard Hammond llegó el último, ya de noche, con un Pontiac Firebird Trans Am GTA de 1991, blanco perla, motor V8 5.0 litros TPI, ventanas eléctricas funcionando dos de cuatro. Le habían pedido 1.100 y los había rebajado a 950 dándole al vendedor su reloj —un Casio digital de plástico— como parte del trato.
El plan era atravesar el sur profundo. Pero la idea editorial del especial era otra. Antes de salir, el equipo paró en una ferretería de homestead, compró tres botes de pintura en spray de colores distintos, y los presentadores se pintaron mutuamente los coches con mensajes provocativos. En el costado del Cadillac de Clarkson, en letras rojas chorreantes de medio metro de altura: “Country & Western is rubbish”. En el del Camaro de May: “Man-Love Rules OK”, flanqueado por dos signos de igual. En el del Pontiac de Hammond: “Hillary for President”, elegido por ser polarizante en 2007 con Hillary Clinton precandidata demócrata, y en el portón trasero: “I’m Bi”. La pintura era de uso exterior pero no resistente al lavado, una decisión deliberada para que la decoración aguantase los seis días.
Día dos. El equipo entra en Alabama por la I-10. La carretera atraviesa un paisaje de pinos y vallas de barbacoa hasta la primera salida hacia la ruta 90 estatal. En la pequeña localidad de Robertsdale paran a echar gasolina. El surtidor está en un combinado pequeño de gasolinera y tienda. La encargada, mujer de unos sesenta años, sale al ver el Cadillac con la pintada, hace una llamada por móvil sin levantar la voz, y vuelve a entrar. Cuando los tres coches están repostando, llegan dos camionetas Ford F-150 con escopetas de caza apoyadas en la trasera. Conductores: hombres de mediana edad, gorras del condado, sin gestos amenazantes inmediatos pero sin hablar.
El productor de campo, Andy Wilman, ordenó por radio “go, go, go”. Los tres coches salieron del aparcamiento sin pagar —el Cadillac dejó la manguera del surtidor enganchada, derramó tres dólares de gasolina— y subieron a la nacional a velocidad ilegal. Las camionetas no persiguieron. Pero la voz se corrió por la red de radios de banda ciudadana, todavía activa en la Alabama rural de 2007. En las tres horas siguientes, mientras el equipo conducía hacia Mississippi, cinco automóviles distintos los marcaron, tocaron el claxon, o los siguieron por tramos cortos.
Día tres. La parada en el bar. El equipo, ya en Mississippi, paró a almorzar en un local de carretera a las afueras de Pascagoula. El local era una construcción de madera con cartel pintado a mano, abierta desde 1962. Dentro había seis u ocho clientes habituales, mayoritariamente hombres mayores. El propietario los reconoció enseguida —no por ser Clarkson, Hammond y May, sino por las pintadas de los coches aparcados delante— y empezó a llamar por teléfono. En quince minutos había treinta personas en el aparcamiento. Algunas con pistolas en la cintura. Otras tirando huevos a los parabrisas del Cadillac y el Pontiac. La conversación interior, grabada con micrófonos ocultos, incluyó la frase “este bar no es para vosotros” repetida tres veces por un hombre con sombrero de paja.
El equipo salió por la puerta lateral, corrió ochenta metros hasta los coches —Hammond resbaló y cayó, Clarkson tiró el sombrero—, arrancó y se fugó por la ruta 90 oeste con la cámara subjetiva grabando el espejo retrovisor. La velocidad de fuga, medida por el cámara, superó las cien millas por hora durante quince minutos. La cobertura policial estatal, alertada por el dueño del bar, los detuvo en el siguiente condado. La explicación del equipo —programa de televisión británico, BBC, sin ánimo de provocación— resultó suficiente para que los oficiales dejasen marchar al grupo con la condición de que pintaran los coches de blanco antes de cruzar a Louisiana.
El equipo no obedeció. Repintaron solo los mensajes más explícitos —Clarkson cubrió “I’m Bi” con una banda blanca, Hammond tapó la mención a Hillary— y mantuvieron el resto. Llegaron a Nueva Orleans el día seis, justo a tiempo para el cierre del festival. El final del especial se rodó en Bourbon Street con los tres coches todavía pintados, ya sin amenaza, integrados en el desorden carnavalesco de la ciudad.
El episodio se emitió el 11 de noviembre de 2007 en BBC Two. Audiencia: 7,9 millones. La segunda mejor del año para el programa, solo por debajo del Botswana Special. Generó dos quejas formales ante Ofcom —ente regulador audiovisual británico—, ambas desestimadas. Generó también un debate en medios estadounidenses: The New York Times publicó una columna de opinión en febrero de 2008 sobre cómo los programas británicos representaban al sur estadounidense, y el episodio fue citado como caso. BBC America, la versión norteamericana del canal, decidió emitir el especial sin censura.
El efecto sobre el mercado de los tres coches fue moderado pero detectable. El Cadillac DeVille 1989-1993, que en 2007 estaba en mercado norteamericano por 2.500 a 4.000 dólares, comenzó a aparecer en listados clasificados con la mención “Top Gear edition” o “as seen on Top Gear” durante 2008 y 2009. Hagerty USA documenta para el periodo 2008-2014 un incremento medio del 22% en el precio pedido de DeVille 1989 de techo vinílico color claro. Hoy, una unidad como la del programa —no la concreta, pero igual— se cotiza entre 12.000 y 15.000 dólares con documentación. El Camaro RS V6 y el Trans Am GTA siguieron caminos paralelos, con incrementos menores —entre el 15 y el 20%— en sus respectivos segmentos.
El Cadillac concreto del especial fue vendido por Clarkson al final del rodaje a un coleccionista de Florida por 600 dólares. El comprador lo restauró parcialmente, mantuvo las pintadas originales bajo capa protectora, y lo presentó en el Cadillac LaSalle Club Grand National de 2014. El Camaro y el Pontiac se vendieron en subasta local. El destino concreto de ambos no está documentado. Lo que sí está documentado es la imagen final del especial: tres coches americanos con pintura sucia, tres ingleses agotados, una ciudad francesa en territorio estadounidense, y un epílogo en el que Clarkson, sentado en el capó del DeVille con un vaso de bourbon en la mano, mira a cámara y dice: “Hay cosas que se aprenden mejor cuando alguien te apunta con una escopeta”. El bourbon estaba sin abrir. La frase ha quedado.