Marca · Bélgica
Minerva
Amberes, noviembre de 1908. El conde Robert d’Aymery, ayudante de campo del rey Leopoldo II, prueba en la plaza de Meir un Minerva 38 CV de seis cilindros. El motor no hace ruido. Literalmente: la marca de Amberes acaba de adoptar para sus modelos de lujo la tecnología del americano Charles Yale Knight, un sistema de doble camisa deslizante en lugar de válvulas convencionales que reducía las explosiones audibles del cilindro a un ronroneo. La corte belga se rinde. En 1909 el rey Alberto I encarga tres Minerva 38 CV con carrocería Vanden Plas para el servicio de palacio. El zar Nicolás II de Rusia ya tenía dos. Henry Ford, según los archivos de Dearborn, mantenía un Minerva como coche personal entre 1912 y 1916.
La fábrica del Karel Oomsstraat empleaba a 1.600 obreros en 1914 y producía 1.500 chasis al año, la mayoría destinados a la exportación. Su fundador, Sylvain de Jong, holandés instalado en Bélgica desde los catorce años, había empezado en 1897 fabricando bicicletas y motos antes de pasar al automóvil en 1902. La Primera Guerra Mundial paró la producción de golpe: la planta se reconvirtió a armamento bajo ocupación alemana y muchos obreros fueron deportados al frente. De Jong, refugiado en Holanda, no volvió hasta 1919. Reanudó con un programa de lujo absoluto que convirtió a Minerva en el principal rival continental de Rolls-Royce durante los años veinte: los modelos AC, AD, AE y especialmente el AK 32 CV, que en 1928 costaba 165.000 francos belgas en chasis desnudo, equivalentes hoy a unos 215.000 euros antes de carrocería, lo que situaba al coche acabado por encima de los 350.000.
Los clientes de los años veinte y treinta eran cinematográficos. Mary Pickford y Douglas Fairbanks tenían un Minerva AL en Pickfair. La reina Astrid de Bélgica viajaba en un cabriolet AK matriculado A-1. William Randolph Hearst compraba uno cada dos años para San Simeon. La Gran Depresión arrasó esa clientela en 1930. Sylvain de Jong murió en 1928 sin ver la caída. La compañía intentó fusionarse en 1934 con Impéria de Lieja en un grupo nacional belga subvencionado por el Estado, pero las pérdidas continuaron. La última fabricación civil fue el Minerva Type M de 1937, basado en un Imperia. La quiebra definitiva llegó el 19 de mayo de 1938 con 850 obreros despedidos. La planta sobrevivió ensamblando jeeps Land Rover Series bajo licencia para el ejército belga hasta 1956, lo que sí cerró ese año el archivo industrial de la marca.
Quedan en el mundo, según la Minerva Owners Club International, 142 unidades documentadas con número de chasis original. Bélgica perdió en 1938 mucho más que una marca de coches: perdió a su único fabricante capaz de tutear a Rolls-Royce, Hispano-Suiza o Isotta Fraschini. La diosa Minerva siguió en el escudo del Atlético de Madrid pero desapareció de los radiadores europeos.
AutoWorld Brussels (Minerva archive); archivo Automobile Club de Belgique; Wikipedia consultada 2026-06
Última revisión editorial: 2026-06-02.