Cuarta

Diario · mayo de 2026

Sultán de Brunéi: siete mil coches debajo del palacio

La colección más grande del mundo es invisible, está medio podrida y representa el cuatro por ciento del PIB anual del país

por Cuarta

Bandar Seri Begawan, capital del Sultanato de Brunéi, finales de los años noventa. Un convoy de seis camiones cubiertos sale del muelle marítimo del puerto y enfila la avenida Jalan Tutong hacia el norte. La avenida pasa por delante del palacio real, el Istana Nurul Iman —el palacio residencial más grande del mundo con sus mil setecientas ochenta y ocho habitaciones— y continúa hasta un complejo industrial cercado situado a tres kilómetros del centro: cinco naves contiguas, climatización industrial, perímetro vigilado por la Guardia Real. Dentro de los camiones viajan, según fuentes diplomáticas británicas filtradas a The Independent en 1997, cuatro Ferrari Mythos —los cuatro únicos Mythos fabricados por Pininfarina sobre base Testarossa—, una unidad Pagani Zonda HH especial encargada al taller de Horacio Pagani con configuración mecánica única, y un Aston Martin Bulldog que la marca había considerado oficialmente “no localizable” desde 1991.

El convoy llega al complejo de las cinco naves. Los camiones se descargan en una rampa interna cerrada al exterior. Los coches entran en formación a las naves correspondientes según un sistema de clasificación interno —marca, época, valor estimado— diseñado por el equipo del príncipe Jefri Bolkiah, hermano del Sultán y entonces ministro de Finanzas. Las naves se cierran. Los coches no se vuelven a ver.

Esto es la colección del Sultán Hassanal Bolkiah de Brunéi, vigésimo noveno y actual Sultán de la dinastía Bolkiah. Más de siete mil coches estimados. Probablemente el archivo automovilístico privado más importante del mundo. Y, casi sin excepción, completamente inaccesible.

La aritmética del Sultanato

Brunéi es un sultanato del norte de Borneo de quinientos setenta y siete mil habitantes. El PIB nominal en 2024 fue de catorce mil millones de dólares. La fortuna personal del Sultán, según el cálculo de Forbes en 2024, asciende a veinte mil millones de dólares —cifra prudente; otras estimaciones independientes la sitúan entre treinta y cuarenta mil—. La colección automovilística, según el equipo de auditoría aseguradora Lloyd’s que la valoró parcialmente en 2002, vale entre cinco mil y siete mil millones de dólares. Esto representa entre el treinta y el cuarenta por ciento del patrimonio personal del Sultán y aproximadamente el cuatro por ciento del PIB anual del país.

Las cifras se construyen sobre estimaciones porque la colección no se inventaría públicamente. Las fuentes principales son tres: el informe interno de Lloyd’s de 2002 —filtrado parcialmente al Wall Street Journal en 2004—; el catálogo de venta de la subasta Bonhams de 2007 que liquidó algo más de doscientas unidades pertenecientes al hermano del Sultán, príncipe Jefri, después de su caída en desgracia; y el reportaje de Jamie Kitman para The New York Times Magazine de 2011, que tuvo acceso parcial a una de las cinco naves.

El periodo de adquisición: 1992-1998

La colección se construye fundamentalmente en seis años, entre 1992 y 1998. Antes de 1992 el Sultán tenía coches —un Rolls-Royce Phantom V de 1965 heredado de su padre, varios Bentley para uso oficial, una flota Mercedes-Benz para escolta— pero no colección. El cambio operativo lo introduce el hermano, príncipe Jefri, en 1992: encarga al equipo financiero de Amedeo Group —entidad privada de Jefri— la creación de un departamento dedicado a adquisición de automóviles excepcionales en el mercado internacional. El departamento opera con presupuesto abierto: cualquier coche relevante en mercado se compra, cualquier coche relevante fuera de mercado se intenta encargar a fábrica.

En seis años de operación intensiva, el departamento adquiere o encarga: diez McLaren F1 sobre las ciento seis fabricadas; cuatro Ferrari Mythos —las cuatro únicas unidades civiles fabricadas por Pininfarina—; el Pagani Zonda HH —encargo único hecho a Horacio Pagani en 1999, con motor V12 Mercedes-AMG modificado a 7,3 litros y carrocería de carbono visto—; el Aston Martin Bulldog, único prototipo Aston desaparecido del registro oficial; nueve Bentley Continental R Special específicos; seis Rolls-Royce Phantom IV —exactamente la mitad de los doce Phantom IV fabricados entre 1950 y 1956—; veintiocho Ferrari Testarossa; una flota Rolls-Royce Silver Spur de doscientas unidades exactas, encargadas como dotación oficial diplomática y nunca utilizadas.

El coste estimado de las adquisiciones del periodo 1992-1998 ronda los dos mil quinientos millones de dólares.

La caída del príncipe Jefri y el desorden

En 1998 estalla la crisis financiera asiática. Las finanzas del Sultanato se tambalean. Una auditoría interna ordenada por el Sultán a su hermano descubre que Jefri ha desviado, a través de Amedeo Group, una cifra estimada entre catorce y dieciséis mil millones de dólares de las reservas soberanas. El Sultán despoja a Jefri de sus cargos, le retira los privilegios diplomáticos y pone bajo administración judicial todos los activos de Amedeo Group. Entre esos activos figura una parte significativa de la colección automovilística —no toda; la parte adquirida con fondos personales del Sultán queda fuera de la administración judicial—.

La administración judicial tarda años en organizar los activos. Una parte se subasta. En 2007, Bonhams celebra en Bandar Seri Begawan una subasta con doscientas unidades de la flota Amedeo —Rolls-Royce, Bentley, Mercedes-Benz, Ferrari—. La subasta recauda treinta y ocho millones de dólares, cifra que los analistas consideran sorprendentemente baja: muchos lotes salen al diez o veinte por ciento de su valor estimado. La causa: las unidades se han conservado mal, han estado almacenadas sin mantenimiento durante una década, los motores tienen averías, las pinturas están deterioradas. La colección, en el sentido literal, se ha estropeado por inmovilización prolongada.

La economía del coleccionismo invisible

La hipótesis que cabe construir sobre la colección Brunéi es la siguiente. Una colección automovilística que no se opera —que no se conduce, mantiene, expone, documenta o auditia— pierde valor real con el paso del tiempo. Los coches dependen de operación: necesitan que las correas se cambien, los líquidos se purguen, los frenos se accionen, las gomas se sustituyan. Sin operación, las correas se cuartean, los líquidos se sedimentan, las pinzas de freno se agarran, las gomas se cristalizan. Las pinturas pierden adherencia. La electrónica se descalibra. La aerodinámica de cuerpo de fibra se degrada por humedad.

Esto, agregadamente, significa que la colección Brunéi en su estado actual probablemente vale entre el sesenta y el setenta por ciento de su valoración nominal. Pierde valor cada año que pasa sin operación. La paradoja: la mayor colección del mundo es, en términos de valor de mercado realizable, una colección en deterioro permanente.

Para coches específicos esto importa más o menos. El Pagani Zonda HH, único, mantiene valor independiente del estado: cualquier comprador pagaría por restaurarlo si llegara al mercado. Los cuatro Mythos, también. Los diez McLaren F1, también. Pero las doscientas Rolls-Royce Silver Spur de la dotación diplomática nunca utilizada perdieron en quince años el ochenta por ciento de su valor por degradación.

El efecto sobre el mercado externo

A pesar del deterioro interno, la colección Brunéi tiene un efecto importante sobre el mercado externo. Cada vez que un coche del Sultán aflora —operaciones de salida discreta a través de intermediarios europeos, fundamentalmente con base en Londres y Mónaco—, marca cotización. La salida es siempre acompañada de la frase contractual “ex-Brunei Royal Collection”, que añade entre un veinte y un cuarenta por ciento al precio de subasta dependiendo del modelo. La frase actúa como sello de autenticidad: cualquier coche que pasó por Brunéi tuvo procedencia documentada, ficha de fábrica, ningún historial accidentado.

Los compradores naturales de ex-Brunei en mercado occidental son coleccionistas asiáticos —Japón, Hong Kong, Singapur, China continental— y, secundariamente, coleccionistas europeos especializados en piezas únicas. El cliente perfil del ex-Brunei valora la procedencia más que el estado: muchos compradores asumen restauración integral del coche tras la compra.

La colección sigue, en lo fundamental, intacta. El Sultán Hassanal Bolkiah cumplió ochenta años en 2026. Su sucesor designado, el príncipe heredero Al-Muhtadee Billah, no ha mostrado interés público por la colección. La pregunta abierta del mercado internacional es qué sucederá con las cinco naves de Bandar Seri Begawan tras el cambio de generación. Por ahora, los siete mil coches siguen allí. Probablemente medio dormidos. Probablemente perdiendo valor cada noche.