Cuarta

Diario · mayo de 2026

Jay Leno: el museo que conduce

Doscientos ochenta y seis coches, ciento sesenta y nueve motos y una política operativa muy concreta — si lo compras, lo conduces

por Cuarta

Burbank, California, sábado por la mañana. Jay Leno entra al hangar de la Polk Avenue con vaqueros azules y una camisa azul vaquero idéntica a la que llevaba la semana pasada. Detrás de él, en formación de quince filas, hay doscientos ochenta y seis automóviles. El primero de la fila es un Stanley Steamer de 1909 que Leno reconstruyó él mismo en 2017 después de comprarlo en piezas en una subasta de Bonhams. El último es un McLaren F1 azul perla con número de chassis 064. Leno tiene dos McLaren F1. Los compró en el año dos mil por novecientos cincuenta mil dólares cada uno. Hoy cada unidad se tasa en torno a los veinticinco millones de euros. Sumados, sus dos McLaren valen más que toda su colección hace veinte años.

Esta cifra —cincuenta millones de revalorización en dos coches— no es una anécdota de inversión. Es el contraejemplo perfecto a la filosofía Leno. Porque Leno conduce esos dos McLaren. Hay vídeos de él bajando por el Pacific Coast Highway con uno de ellos. Hay un episodio de su podcast Jay Leno’s Garage dedicado a explicar cómo se cambian las pastillas de freno de un McLaren F1 sin desmontar el subchasis posterior, grabado con uno de sus dos ejemplares sobre un elevador hidráulico. Leno utiliza sus McLaren con la misma frecuencia que un comprador estándar utiliza un Audi A6: conducciones de fin de semana, alguna ruta larga al año.

La regla operativa

Si lo compras, lo conduces. Si no piensas conducirlo, no lo compres. La regla la ha repetido Leno en treinta entrevistas distintas, desde su época en el Tonight Show hasta su podcast actual. La operativa interna del Jay Leno’s Garage funciona en consecuencia: cada coche tiene matrícula corriente de California, seguro corriente, ITV pasada. Cada coche está conectado a una batería de mantenimiento. Cada coche se mueve al menos una vez al año en una ruta documentada. El equipo del garage —tres mecánicos en nómina, dos restauradores especialistas, un fotógrafo, un editor de vídeo— rota la flota en ciclos trimestrales: cada coche tiene tres meses de “calendario activo” al año.

La consecuencia técnica es importante. Las fichas Cuarta dedicadas a coches con procedencia Leno tienen un dato común: kilometraje creciente. La unidad McLaren F1 chassis 064, comprada en el año dos mil con dos mil setecientos kilómetros, marca hoy más de catorce mil kilómetros. Su segunda McLaren —chassis 067, comprada en 2002— tiene un registro similar. Esto es atípico: la mayor parte de las cien McLaren F1 que existen están por debajo de los cinco mil kilómetros, y muchas por debajo de los mil. Conducir es lo que diferencia un Leno de un Lauren.

El garage

El edificio de Polk Avenue en Burbank tiene quince mil metros cuadrados sobre una sola planta. Lo compró Leno en 1994, cuando llevaba dos años como presentador del Tonight Show. Inicialmente eran cuatro mil metros cuadrados. La ampliación a la superficie actual se hizo en tres fases: 1999, 2006 y 2014. La fase 2014 añadió un taller de restauración completo equipado con tornos Wohlhaupter, fresadoras Bridgeport y una cabina de pintura de carrocería certificada por la SEMA. Leno ha declarado en su podcast que el coste anual operativo del garage —salarios, mantenimiento, seguros, repuestos, combustible— ronda los tres millones de dólares.

Las cifras de la colección, según el último inventario filtrado en 2023:

Doscientos ochenta y seis coches. Ciento sesenta y nueve motos. Cuarenta y dos coches de pre-1930 (la sección “Brass Era” que Leno considera la más importante de su colección desde el punto de vista patrimonial). Treinta y cuatro Duesenberg —probablemente la mayor concentración Duesenberg del mundo en una sola colección—. Diez Stanley Steamer. Cinco Lamborghini Miura. Tres Bugatti Type 35. Dos McLaren F1. Un Hispano-Suiza H6B Boulogne de 1925, comprado a un coleccionista belga en 2006 por una cifra no comunicada (estimación de mercado entonces: ochocientos mil euros; hoy, dos millones).

La pieza española: el Hispano-Suiza

El H6B Boulogne tiene una historia que Leno ha contado en dos episodios de su podcast. La unidad pertenecía a un industrial portuario de Amberes que la había heredado de su abuelo, primer propietario en 1925. Leno la vio en una concentración en Bélgica, hizo oferta tres semanas después y cerró la compra en cuatro meses. La condición pactada: el coche tenía que mantener la matrícula belga original como matrícula histórica complementaria. Leno aceptó. El coche llegó a California en febrero de 2007. Su primer recorrido fue de Burbank a Pebble Beach, dos mil kilómetros, conducido por el propio Leno. En el podcast contó que el motor V8 de seis litros y medio “funcionaba como un reloj suizo, lo cual tiene sentido porque medio coche es suizo”. El H6B Boulogne participó después en el Pebble Beach Concours d’Elegance 2007, donde quedó segundo en su clase. La unidad sigue en el garage. La conduce dos o tres veces al año.

La filosofía de herencia

En 2019, Leno anunció públicamente lo que ya había declarado en entrevistas privadas durante años: su colección no irá a sus dos hijos. Su mujer Mavis Leno y él han constituido la Leno Heritage Foundation, fundación sin ánimo de lucro cuyo único objetivo es operar el garage como museo público tras la muerte de los Leno. La fundación está dotada con setenta millones de dólares —de los cuales cincuenta los aportó Leno en 2019 y los veinte restantes los aportará el patrimonio—. La estructura operativa prevista: garage transformado en museo abierto cinco días por semana, restauraciones siguiendo activas en taller, programa anual de Cars and Coffee mantenido. La promesa que Leno repite en su podcast: ningún coche se venderá. Ningún coche se subastará. La colección permanece intacta como patrimonio público.

El efecto sobre el mercado

La operativa Leno empuja en una dirección distinta a la de Lauren. Lauren tira hacia arriba comprando en máximos y revalorizando por concentración. Leno tira hacia arriba conduciendo, restaurando y documentando: cada vídeo de su podcast en el que aparece un Stanley Steamer en marcha sube la siguiente subasta de Stanley Steamer porque demuestra al mercado que el coche es operable. Cada restauración filmada en el taller de Polk Avenue es publicidad gratis para el modelo. El efecto agregado se ha medido: el mercado de Brass Era —coches anteriores a 1930— ha multiplicado por tres entre 2010 y 2024, mientras que segmentos vecinos solo se han duplicado. El factor Leno explica una parte significativa de esa diferencia.

La tesis Leno funciona porque genera comunidad. Las marcas pequeñas o desaparecidas —Stanley, Duesenberg, Stutz, Cord, Hispano-Suiza— necesitan a alguien que demuestre periódicamente que sus coches todavía pueden circular. Sin un Leno, esos mercados se atrofian. Con un Leno, se mantienen vivos y revalorizan. Es la lección operativa más importante de su colección: el coleccionista que conduce crea más valor de mercado que el coleccionista que congela. La aritmética es contraintuitiva pero documentada.

Burbank, mismo sábado por la mañana. Leno cierra la puerta del Stanley Steamer 1909 después de una vuelta de quince minutos por las colinas del este de Los Ángeles. El vapor todavía se escapa de los flancos del motor. Apunta en un cuaderno la fecha, los kilómetros recorridos y una nota corta: “vapor estable, válvula trasera derecha pierde un poco, revisar miércoles”. Devuelve el cuaderno al estante. Sube al siguiente coche de la fila.