El coche que SEAT inventó cuando nadie le había pedido uno
En 1974, mientras Fiat presentaba el Panda y SEAT vendía el 127 a paladas, alguien en la Zona Franca decidió hacer un utilitario más. Tomó el motor trasero del 850 y una carrocería nueva diseñada en Barcelona. Lo llamó 133. Se vendió mal en España, peor en Europa, y mejor de lo esperado en lugares insospechados: Egipto, Argentina, Argelia.
SEAT 133, primera serie. Carrocería diseñada en Barcelona sobre mecánica del SEAT 850. · Fuente: Wikimedia Commons · Licencia: CC BY-SA
A finales de 1973, en una reunión de la dirección de SEAT, alguien planteó la pregunta: ¿qué hacemos con el motor del 600 cuando se acabe la producción? La respuesta lógica era enterrarlo. El 127 tenía un motor más moderno; el 850 estaba en sus últimos meses. El motor trasero refrigerado por aire que había definido a SEAT durante quince años se acercaba a su fin natural.
La respuesta poco lógica fue: lo metemos en un coche nuevo. Y así nació el 133. Un utilitario diseñado íntegramente en Barcelona, con carrocería propia (no copia de un Fiat), pero con el corazón del SEAT 600. Salió a la calle en septiembre de 1974. Costaba 96.000 pesetas. Era un 5% más barato que el 127 y exactamente igual de bonito (lo que no era decir mucho). En España, la reacción fue tibia: el público quería el 127, no un primo lejano del 600.
Lo curioso fue lo que pasó fuera. SEAT había firmado acuerdos de exportación con Egipto, Argentina y un par de países del Magreb antes incluso del lanzamiento. En Egipto, el 133 se vendió como un coche moderno (allí lo era — competía con el viejo Fiat 850 árabe). En Argentina, IKA-Renault lo montó bajo licencia. Casi el 60% de la producción terminó fuera. Para SEAT fue una bendición: lo que en casa era un fracaso, fuera era éxito de subexportación.
Salieron unas 195.000 unidades. Cuando dejó de fabricarse, fue el último SEAT con motor trasero refrigerado por aire — un final silencioso para la arquitectura técnica que había motorizado España desde el 600. Hoy, en los foros, los nostálgicos lo llaman “el feo”. Pero con cariño. Casi todos los que lo conducen lo hacen porque alguien de la familia ya lo tenía y nadie ha querido tirarlo a chatarra. Como tantas cosas en España, sobrevive por inercia afectiva.
El SEAT 133 fue un error comercial honesto. Pero un error comercial al fin y al cabo.— Juan Antonio Pousibet, exdirector comercial de SEAT (Motor Clásico, 2003)
En 1977, el embajador español en El Cairo recibió en su despacho a un funcionario egipcio que le solicitó —oficialmente, con sello del Ministerio de Industria— una entrega urgente de 200 unidades de SEAT 133. Cuando preguntó por qué la urgencia, el funcionario contestó: "Porque a partir del mes que viene Fiat va a empezar a fabricarlos aquí bajo licencia, y queremos comprar los originales antes de que dejen de existir los originales".
Producción total: ~195.000 unidades en 6 años. Exportado a Italia (como Fiat 133), Argentina, Egipto, Argelia, Marruecos, Túnez. Las versiones de exportación llegaron al 60% del total — un caso casi único en la historia industrial española: un coche más exitoso fuera que dentro.
Ficha técnica completa
Fue el primer SEAT diseñado sin licencia directa de Fiat. La carrocería era íntegramente desarrollada en Barcelona. La mecánica venía del 600/850, pero el chasis era nuevo. Cuando, años después, Fiat se enteró de que SEAT había vendido a Egipto un coche "estructuralmente Fiat", abrió litigio. SEAT pagó royalties retroactivos. Pero ya había nacido la conciencia: si SEAT podía hacer esto sin Fiat, podía hacer más. El Ronda de 1982 no es casual.
Wikipedia ES (SEAT 133); SEAT Histórico; Juan Antonio Pousibet (Motor Clásico, marzo 2003); archivo SEAT (litigio Fiat-SEAT 1979); ABC (hemeroteca, octubre 1977)
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