El coche español que diseñó el lujo de Europa
En 1919, en una nave de Barcelona, un ingeniero suizo metió un motor de avión en un coche y inventó el ascensor del lujo de entreguerras. Durante quince años, Hispano-Suiza fue lo que Rolls-Royce sería después: el coche de los reyes.
Hispano-Suiza H6B Dual-Cowl Phaeton (1924) carrozado por Million-Guiet. Una de las 2.614 unidades originales. · Fuente: Wikimedia Commons · Licencia: CC BY-SA
En 1904, un fabricante de bicicletas catalán llamado Damián Mateu le ofreció a un ingeniero suizo de veintiséis años que dirigiera la mecánica de su nueva empresa de coches. El ingeniero se llamaba Marc Birkigt. Aceptó porque en su Suiza natal nadie le dejaba diseñar lo que quería. En Barcelona, le dejaron.
Catorce años después, los motores que Birkigt había diseñado movían los aviones de combate franceses sobre Verdún. La Primera Guerra Mundial convirtió a Hispano-Suiza en uno de los grupos industriales más respetados de Europa. Cuando acabó la guerra, en 1919, Birkigt aplicó al automóvil todo lo que había aprendido del cielo: bloques de aluminio, árboles de levas en culata, frenos servoasistidos a las cuatro ruedas. Nadie en el mundo construía un coche así. El resultado se llamó H6.
Lo compraron los reyes de Bélgica, los marajás de la India y el escritor estadounidense Theodore Dreiser, que en 1934 escribió un artículo titulado “El coche que cambió mi forma de ver América”. Pero la prueba de su autoridad técnica no estuvo en las anécdotas, sino en una factura: durante doce años, Rolls-Royce pagó royalties a Hispano-Suiza por usar su sistema de frenos. El símbolo del lujo británico funcionaba con una patente catalana.
El H6 dejó de fabricarse en 1933, sustituido por el J12 con motor V12. En 1936, la guerra civil cortó la fábrica de Barcelona. Hispano-Suiza pasó a fabricar camiones, y los camiones se llamaron Pegaso. El H6 sigue ahí, en los pocos museos donde se conserva, como prueba de que hubo un tiempo en que el coche más sofisticado del mundo se hacía en una nave entre la Sagrera y el Clot. Que ese tiempo durase quince años no le quita razón a haber existido.
No es un coche: es una idea que se mueve.— Ettore Bugatti, según testimonios de Marc Birkigt
André Citroën conducía un H6. Ettore Bugatti, también. Cuando alguien le preguntó a Rolls-Royce por qué su nuevo modelo Phantom incorporaba frenos servoasistidos a las cuatro ruedas en 1925, el portavoz contestó: "Lo hemos visto en otro coche". Ese otro coche era el H6. Hispano-Suiza había patentado el sistema en 1919 y se lo licenciaba a Rolls-Royce a cambio de royalties. Durante doce años, cada Rolls-Royce que frenaba en condiciones lo hacía pagando un canon a una empresa de Barcelona.
Récord del kilómetro lanzado en Boulogne-sur-Mer (1921), 177 km/h. Ganó la Boillot Cup tres años seguidos (1921, 1922, 1923). En 1922, un H6 cruzó los Pirineos en invierno con la cadena del distribuidor congelada — y siguió andando. La Pelegrina del Maharajá de Indore se entregaba sobre un H6 Saoutchik convertido en mostrador de joyería.
Ficha técnica completa
Las 2.614 unidades fabricadas se repartieron entre Barcelona y la planta de Bois-Colombes (París). Hoy se conservan unas 400. El Rolls-Royce Phantom II copió la arquitectura del motor del H6. Y el escudo de la cigüeña Hispano-Suiza venía del avión del piloto francés Georges Guynemer, derribado en 1917: era el emblema personal de su escuadrón. Birkigt lo adoptó para honrar al cliente que mejor había tratado a sus motores.
Wikipedia ES (Hispano-Suiza H6); Klubrokaru club Hispano-Suiza; Fundación Hispano-Suiza Barcelona; Lawrence Dalton, "Coachwork on Hispano-Suiza" (Dalton Watson, 1981); RM Sotheby's archivos de subasta
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